jueves, 31 de diciembre de 2015

Nos vemos en New York



Disfruta el sol mientras puedas porque no sabes si por la tarde lloverá...


-Le dijo el lagarto viejo a su pupilo.



Así empezó la charla con el maestro D. Francisco Pedraja



Nunca se descubre nada a tiempo, siempre tarde. Lo dicho, la vida nos esconde la felicidad hasta último momento.

Pagué y me fui pensando en las paradojas de la vida mientras andaba por las calles de Badajoz, esquivando a los cientos de personas que subían y bajaban por San Juan.

Antes de subir a casa, paré en el parque justo enfrente de mi casa y, reflexioné aquella inquietante frase mientras comprobaba las estupideces pertinentes en los grupos de whatsapp y borraba varios emails. 

De repente entró un mensaje a Facebook: 

-¡Nos vemos en New York, muchas gracias por todo!


Al finalizar de leer el whatsapp me di cuenta enseguida de que algo raspaba mis adentros... 

Y pienso en New York. En menos de dos semanas estaré ahí, recorriendo sus calles, oliendo el capitalismo y matándome a vino y risas mientras los banqueros, brokers, amantes y secretarias batallan por llegar a tiempo a sus trabajos y casas. 

Me gusta. Me gusta viajar. Me gusta estar de aquí para allá. Me gusta reencontrarme con viejos amigos. 

Cuando salgo a la calle siempre voy buscando la inspiración entre las cosas. Soy un loco enamorado, lo sé. 

Me encanta conocer gente nueva. Me encanta saber qué piensan. Me encanta escucharlas. Me encanta reírme con ellas. Me encanta encantar...

Cuando era niño me gustaba la noche antes de Reyes. Todo eran nervios, sueños y esperanza.

Ahora me gustan las noches antes de los viajes. Por las mismas razones.

Si, New York me espera como el puerto al marinero. Como el verano a la brisa. Como la muerte a la vida. Como la leche a los reyes y camellos.

Mientras tanto, vivo y disfruto. Si, eso hago. Vivir. Y vivir viviendo. Sin remordimiento. Sin arrepentimientos. 



Son malos tiempos para el amor. Realmente, la base está en la valentía y en disfrutar del camino. Si, de no tener miedo al rechazo y no tener vergüenza a sentirse gilipollas por pensar "le echo de menos". 

Ya la gente no sabe amar, si acaso querer como se desea un capricho.  

Últimamente fracaso demasiado en el amor. Si, os lo prometo. Dicen que soy muy enamoradizo. Puede que sea verdad... el caso es que siempre me he fijado en las chicas incorrectas. O tal vez, sean las chicas incorrectas las que se fijen en mí. De un modo u otro, siempre me dejo llevar... 

Y ahí radica el problema, en dejarme llevar. 

Mi amiga Paula dice que siempre he sido muy conformista. Qué me fijo solamente en las portadas de los libro y no en las historias que contienen en su interior. 

No lo sé. 

Siempre he pensando que el amor está para disfrutarlo, al menos, es lo que me han hecho creer todas aquellas películas románticas que vi y todos aquellos libros de poesía que leí. 

Cuando llevas mucho tiempo solo, acabas encontrándote contigo mismo, y entonces, en ese mismo instante, descubres una persona totalmente distinta. La situación es incómoda, la realidad ha venido, te ha dicho lo que pensaba y se ha marchado sin dejar rastro... 

Ahora tienes que enfrentarte a tus miedos. Superar tus complejos. Recuperar a las personas que echas en falta. Autoayudarte. Construir nuevos caminos. Navegar por mares desiertos. Y, sobre todo, volver a creer en el amor. 




domingo, 20 de diciembre de 2015

Milongas sentimentales



A mí, en cambio, lo que me gustaba de la navidad era estar en esa terraza al atardecer, entre las 7 y las 8, bajo esa luz mágica que te descarga de tensiones, viendo cómo las frenéticas calles de mi ciudad se llenaban de bolsas cargadas de regalos.

No se vayan muy lejos. Os tengo que contar algo (...)

Si, juraría que ayer mismo era agosto y yo me encontraba en pantalones cortos, acabando con mis amigos la penúltima botella de vino blanco y maravillándonos con las autóctonas en bikini y las espectaculares puestas de sol.

A traición y sin darnos cuenta, la navidad ha llegado. Pero, de golpe y porrazo.

Y pienso en New York. En menos de un mes estaré ahí, recorriendo sus calles, oliendo el capitalismo y matándome a vino y risas mientras los banqueros, brokers, amantes y secretarias batallan por llegar a tiempo a sus trabajos y casas.


Me gusta. Me gusta viajar. Me gusta estar de aquí para allá. Me gusta reencontrarme con viejos amigos.

Cuando era niño me gustaba la noche antes de Reyes. Todo eran nervios, sueños y esperanza.

Ahora me gustan las noches antes de los viajes. Por las mismas razones.

Si, New York me espera como el puerto al marinero. Como el verano a la brisa. Como la muerte a la vida. Como la leche a los reyes y camellos.


Mientras tanto, vivo y disfruto. Si, eso hago. Vivir.

Y vivir viviendo. Sin remordimiento. Sin arrepentimientos. 

Son malos tiempos para el amor. Realmente, la base está en la valentía y en disfrutar del camino. Si, de no tener miedo al rechazo y no tener vergüenza a sentirse gilipollas por pensar "le echo de menos".

Ya la gente no sabe amar, si acaso querer como se desea un capricho. 

Y ahora, con su permiso, voy a seguir preparando mi actuación del próximo día 27 en el Teatro López de Ayala.

Ustedes, vayan añadiendo "caprichos" a vuestra lista...


Por un 2016 lleno de viajes y caprichos.











viernes, 11 de diciembre de 2015

El último suspiro






En el pueblo todo el mundo la conocía. Ella era una chica que siempre tenía una sonrisa en la boca. Ella era diferente. Todos los días a la misma hora subía la cuesta para ir al cementerio; algunos días iba en bicicleta y otros corriendo...

La gente la admiraba por su fortaleza y coraje. Su vida no era fácil, pero a pesar de los pesares, tenía siempre un motivo para ser feliz. Su lema era: 


"Muévete deprisa antes que se agote la vida".


Debía de serlo, porque sabía el significado del último suspiro. 


Su madre falleció cuando tenía 16 años. Paula conocía demasiado bien el lenguaje de la vida y el silencio grave de las habitaciones de los hospitales. 


Margarita sufría lentamente. Aparte de los dolores, sufría la impotencia de no poder acompañar a su hija a lo largo de su vida.

Ella se marchó. Sin pasaporte. Sin avisar. Sin disfrutar la última bocanada de aire... 

Margarita se marchitó cómo si una helada entumeciera sus pétalos hasta congelarlas de frío.

Paula paulatinamente fue asumiendo que no la volvería a ver. Su madre no tenía billete de regreso. 

Tenía que explicarte con sencillez esta pequeña introducción para entender y abordar la fascinante historia de amor de Paula.

El comienzo de nuestra historia empezó cuando sonó de repente el teléfono a las 10 de la mañana. Era mi amiga Paula. Cuando cogí la llamada escuché una voz rota, desgastada y enmascarada en llantos y lágrimas.

Ese fue el comienzo de nuestra historia. Fue un flechazo directo al corazón. Una historia que surgió de un momento delicado y lleno de incomprensión. 

Gracias a ella, somos lo que somos, uno por el otro y uno para el otro. Desde ese instante entendí los pequeños detalles que me regalaba la vida. 

Realmente aquella trágica noticia nos hizo realzar nuestro amor y entender la importancia y valor de la palabra amor.

No teníamos prisa. Nos entregamos mutuamente por completo. Ella me enseñaba el placer de atender los pequeños detalles y hacérselo notar a la sociedad. Lo que me cautivaba de ella era la capacidad de generar sonrisas por minuto. Todo aquello me ayudó para disfrutar día a día de los míos: De mi padre. De mi hermano. De mi familia.

Y, sobre todo, de mi querida madre.