miércoles, 30 de marzo de 2016

lunes, 21 de marzo de 2016

Oye, que me caso...


Creo en el destino y en la magia, pero no necesito nada más que una sonrisa para salir de casa.

Para mí los pequeños detalles marcan la diferencia y nos distinguen del resto.

Y es que, en realidad, la felicidad se encuentra en lo natural y en la sencillez, porque no hay nada mejor ni más auténtico que una persona repleta de pequeños detalles.


Soy perfeccionista pero busco la improvisación, y aunque me falta paciencia, me sobra ambición. 

A pesar de mis esfuerzos empiezo a notar algunas grietas en mi capa exterior. Cuando reviso mi insignificante vida, y todas aquellas mujeres que he conocido, no puedo evitar pensar en todo lo que han hecho por mí y en lo poco que he hecho yo por ellas; en cómo cuidaron de mí, se preocuparon por mí, y yo les correspondí no devolviéndoles nunca el favor. 


Sí, creía que era el que sacaba mayor beneficio. 

Y ¿qué tengo? 

En serio. Unas monedas en el bolsillo, algunos trajes caros, un coche elegante a mi disposición y estoy soltero. Sí, sin ataduras, libre como un pájaro. No dependo de nadie, y nadie depende de mí. Mi vida es sólo mía, pero no tengo la conciencia tranquila, y si no tienes eso, no tienes nada. 

Pero bueno, según dicen, todo llega para el que sabe esperar...

Ya saben, lo malo de los sentimientos es que tienen ese modo sigiloso de aflorar cuando menos te lo esperas.

Oye, que me caso...


No. Que nadie se confunda. Yo no me caso.

Aún así, a día de hoy, mi boda ya forma parte de las conversaciones de mis amigos.

- Cuando se case Magritte...

- Si tío, estoy deseando. Estoy convencido que nos/la sorprenderá con algo espectacular.

- Estoy seguro que lleva años preparándola. Llámame loco, pero creo que está planeando la boda perfecta.


En fin. Ya ven la lucidez de mis amigos. Muy lejos de la realidad.

Veo la boda como algo imposible.

Soy un mar lleno de dudas. Siempre me meto en el agua el último de mis amigos y, si alguno me dice que está congelada, doy media vuelta, me bato en retirada y salgo corriendo de vuelta a la toalla. 

Llámenme cobarde. Yo prefiero el término prudente. Espero, eso sí, no protagonizar una espantada similar camino del altar si alguna insensata decide casarse conmigo. 

Uf.

Me agobia el tema.

Adios.










lunes, 14 de marzo de 2016

Un amor con pilas recargables


Su amor tenía grietas. Ella suspiraba mil veces antes que perder. Se mordía la lengua e incluso buscaba fuera de casa algo diferente, algo que le recargara las pilas.


Cada mañana se duchaba con lágrimas. 

Lloraba. Lloraba sin encontrar un por qué.

Ella estaba hecha para él; o, al menos, eso creía ella...

Su destino era inevitable. Ella resoplaba. Ella sabía que él era la solución y el problema.

Solo quería revivir la magia de esos quince años. Perderse en la ilusión de estar con él y crear de nuevo un pacto de compromiso. De amor sincero y trabajado.

Ella solamente quería ver en él aquella manera que la hizo enamorar al principio.

Si, joder. No es tan difícil...

Cartas metidas en los bolígrafos. Mensajes escritos en piedras (si es con forma de corazón, mejor). Fotos de ambos mirándose a los ojos. Recortes de poesías sacadas de revistas o periódicos. Practicar deporte juntos. Pasear y visitar nuevos lugares. 

Os recomiendo ir al Muelle.

Muelle, lugar resucitado en la orillita del Guadiana,
la que se pone coqueta al ver el agua pasar,
la que no tiene sirenas pero sí mujeres amantes y elegantes.

Badajoz, la que cada mañana esconde el sol entre sus puentes
y están decorados de luces y candados desterrados.

La que por la mañana se levanta una hora antes que Portugal. La que abre el poniente y convierte las noches en vela.

Badajoz, la que fue invadida por los almorávides y almohades.

La que sonríe y desea constantemente mejorar. La que clava su mirada en a A a a a y trata de ser cada vez más valiente.

Badajoz, la de torres altas y que espantan. La de gente sencilla, alegre y mirada creativa. La ciudad moderna marcada por el paso de diferentes culturas.

Y ese es el dilema.

Ella quería no quería mi amor. Quería recargar sus pilas.

Si, ella cortó la relación dejándome una carta debajo de la almohada.

Era blanca y tenía un lazo rojo pasión. Mi corazón empezó a latir fuerte y deprisa. Temía lo peor. Mi cuerpo se puso alerta y en mi cabeza empezó a sonar una canción: Game of Thrones - Main Title.

Abrí sigilosamente el sobre, y, entonces.... entró ella en mí. Con su pelo canoso, revuelto y peinado de cualquier manera.

Mis ojos empezaron a llorar justo antes de leer la carta. Era un tipo duro, pero era imposible leer aquello, me temía lo peor. Mis nudillos se encogieron y mis venas se hincharon como puños. Mis ojos pequeños rompieron a la mar mientras leía aquel corto e impactante texto.

Ansiedad me había escrito.

Hace unos meses la conocí en uno de esos viajes sin billete de vuelta. Era divertida. Espontánea. Audaz. Orgullosa. Sincera. Sensible. Sencilla. Revoltosa. Criticona. Justa. Loca. Simpática. Guerrillera. Mimosa. Amable. Servicial. Y con unos ojos verdes-marrones entregados al deseo.

¿Qué cómo se llamaba?

Eso es lo de menos. Lo importante es que ella tenía novio y yo era su amante. Bueno, más bien su dulce agonía. 

Escondíamos nuestro (mi) amor en restaurantes atípicos. En parques oscuros y en calles que encerraban risas, sexo, diversión, pasión, lujuria, y, sobre todo, historias envueltas en un cigarrillo.
  
Ansiedad iba por la vida como una funambulista, con un pie dentro y otro fuera. Siempre por el lado salvaje de la vida. Muy Lou Reed.

Ansiedad fumaba. Claro que fumaba. Las chicas como Ansiedad siempre fuman. Eso es algo que va con el personaje. Pero nunca olía a tabaco. Ella jamás lo habría permitido. La vie est belle. Elija cómo vivirla.


Enamorarse de Ansiedad era algo inevitable. Caí, y desaparecí como moscas en el tapete de un mago.

Todo olía a pólvora, a magia, a cerilla apagada y a su colonia.

Y, de repente, cuando ya estamos ilusionados, otra vez vuelta a empezar.



Como para no volverse loco, amigo.

- Siento lo que me cuentas de Ansiedad. Poco o nada puedo hacer yo al respecto. No desesperes. A veces, como pasa con las furgonetas viejas que se quedan sin batería, hay que volver a arrancar cuando vas cuesta abajo y sin frenos. Hay que empujar fuerte. Muy fuerte. Y termina por arrancar. 

Pero déjame que te cuente una historia.

Puede que te guste o puede que no. Pero es mi puta historia.

Que te sientes, coño. Y escúchame.

Pero antes de empezar, nos pondremos una copa. La ocasión lo merece. Digo yo.



   
Mientras voy sacando los hielos, vamos a poner algo de banda sonora. Por ejemplo, esta canción de Ryan Adams. A toda castaña.

Come pick me up.

Bueno, ya casi estamos.

Abriré un poco la ventana para que entre el aire.

La armónica de Ryan Adams suena hoy mejor que nunca, ¿no te parece?

Bueno, que me lío. Te cuento la historia. Que para eso me has preguntado querido amigo mío.

Esta historia empieza cuando era pequeño. Cuando mi madre me decía que tenía la cabeza a pájaros. Y no es que tuviera la cabeza llena de pájaros. Es que tenía una pajarería ahí metida. Con tucanes, papagayos, bandadas de estorninos, patos y hasta pingüinos, que no saben volar, pero cuentan como pájaros.

Por aquel entonces tenía tres obsesiones: La magia, las chicas y los libros.

Creo que hoy en día sigo teniendo las mismas. No sé si esto es bueno o malo.

Me daban épocas muy fuertes. Lo mismo me leía todo Paulo Coelho que me compraba libros de Mitología Griega.

Y esta historia va de eso, de dioses y hombres.

Esta historia va de Zeus.

Sí, de Zeus. El Dios griego. Zeus.

Zeus era un tipo bastante poderoso en el Olimpo. Era el rey de los dioses, el señor del cielo, lanzaba truenos y relámpagos y mantenía el orden del universo. Decidía qué estaba bien y qué estaba mal. Era el sheriff. El puto amo de la barraca.

Zeus, como te he dicho, era un tipo bastante poderoso. Y, como tal, se preocupaba hasta la obsesión por mantener su poder sobre el resto y no caer en desgracia.

Hasta tal punto llegaba su preocupación que pedía consejo a los oráculos para tomar sus decisiones. 

El caso es que, por aquel entonces, Zeus estaba casado con Metis y se quedó embarazada. Más tarde, se casó varias veces con distintas mujeres y tenía hijos por doquier. Era un poco mujeriego el amigo Zeus. Un poquito Julio Iglesias. Ya sabes.

La cuestión es que el oráculo le dijo que Metis iba a concebir una chica que le arrebataría el poder.

Y Zeus, claro, se volvió loco. Ataque de pánico. ¡Arrebatarle el poder! ¡Y una mujer! ¡A él! Era algo del todo intolerable.

Y montó en cólera. Lo cierto es que Zeus tenía el carácter un poco voluble, lo que es poco recomendable cuando eres el rey de los dioses y tienes poderes como lanzar rayos y truenos.

Así que Zeus, ni corto ni perezoso, y aprovechando que Metis daba un paseo, se acercó a ella y se la comió.

Se-la-comió.

Así, tal cual te lo cuento.

Para adentro.

Ñam.

Glups.

Se la zampó.

Era el rey de los dioses. Supongo que podía hacer cosas de este calibre.

Pasaron los años y Zeus comenzó a tener una tremenda jaqueca. Un dolor de cabeza insoportable. No podía dormir. Algo le rondaba la cabeza. No podía dejar de pensar en el tema.

Un día ya no pudo soportarlo más y le pidió a su amigo Hefesto, dios del fuego, de la forja y de los herreros, que le abriera la cabeza para que cesara ese agónico sufrimiento.

Y de ahí salió Atenea, diosa de la guerra, completamente armada.

Y Zeus, por fin, pudo descansar.

Siempre que a mí me ha pasado algo como lo tuyo, me acuerdo de esta historia y de Zeus. Esa impotencia por tener una chica rondándote la cabeza y ser incapaz de sacártela de ahí.

No te estoy diciendo que vayas a un herrero para que te abra la cabeza a martillazos. No, no creo que sea la solución. Espero que hayas captado la metáfora que no me quiero hacer responsable de una desgracia.

Solo te quiero decir que entiendo ese dolor de cabeza, esa preocupación, esa obsesión, pero que para eso están los amigos, como Hefesto con Zeus. Que ellos lograrán que te la puedas sacar de la cabeza. Por lo civil o por lo criminal. De alguna forma u otra.

Y que podrás seguir durmiendo.

No sé si te servirá de algo o no. Pero es mi puta historia.

Pocos consejos te puedo dar yo (y nadie) para superar una cosa como la que me cuentas. Una ruptura es como una resaca: no hay remedios milagrosos. No hay mucho que se pueda hacer para combatirla, salvo dejar que el tiempo palie los efectos más duros de los primeros momentos y echar un poco de “testiculina” al asunto.

           
...meses después.

"Por qué no volvemos. Por qué no he sido capaz de volver a sentarme en la única mesa maldita de nuestro restaurante. Por qué salgo todas las noches como si nada, como si jamás te hubiese conocido. Y por qué les acabo pidiendo a todas que hagan de ti. Que les gusten tus mismas cosas. Que se rían como lo hacías tú. Por qué las comparo siempre contigo. Qué culpa tendrán ellas de no alcanzarte. De no saber que me exististe. De no poder acabarse este final.

Por qué no volvemos. Por qué sigo mirando el móvil cada dos horas simplemente para ver si estás en línea. Por qué empiezo a escribir siempre el mismo mensaje. Uno que arranca con un por qué no volvemos. Uno que sigue explicándote cuánto te echo de menos. Que ya casi olvidé tus defectos. Que me quedé solo a soportar los míos. Que ya es mucho soportar para una sola persona. Y por qué, cuando acabo el mensaje perfecto, le doy siempre al borrado completo en vez de al enviar. Por qué no te llamo cuando tengo tantas ganas de hablar.

Por qué no volvemos. Dímelo, de verdad, tan sólo recuérdamelo una vez más. Aunque te cueste algún que otro esfuerzo. Hazlo por este pedazo de vida tuya que sigue a la deriva de los recuerdos. Por los viejos tiempos. Por este mal sabor de boca después de algo tan dulce. Por lo que fuera yo en tu vida. Por lo que sea. Por lo que fui.

Yo la verdad es que no he aprendido. Sigo estando igual. Me siguen haciendo daño las mismas cosas. Me siguen emocionando las canciones de siempre. Sobre todo ahora, que sé que en realidad todas me hablaban de ti. Me sigo haciendo muchas trampas al solitario. Me veo con los mismos amigos a los que les ruego que no me hablen de ti. Hasta que les acabo preguntando yo. Ah, y he vuelto al microondas, que cocinar para uno ya sabes que no vale la pena. Supongo que soy aún más difícil. Imagino que el gas noble de mis manías se habrá expandido hasta ocupar parte del hueco que dejaste tú. Y seguramente, a base de vivir conmigo, me habré vuelto mucho más yo.

Por eso, te podría decir que he cambiado. Que ahora sí que sí. Que ahora entiendo por qué no funcionó lo nuestro. Que por qué no volvemos. Que por qué no intentarlo, sabiendo lo que sabemos. Pero te estaría mintiendo, y lo haría simplemente para conseguirte de nuevo, para volverte a tener".

Nos estaríamos engañando de nuevo.

Y volveríamos dispuestos a ello, tan sólo por lo mucho que nos queremos.

Tan absurdo como cuando estábamos juntos y tras cada silencio resonaba siempre la misma pregunta.


Por qué no lo dejas TODO por mí. Ya he recargado las pilas.










domingo, 13 de marzo de 2016

Simplicidad & Elegancia


Según la RAE la elegancia es el atributo de ser excepcionalmente bello y sencillo. Se utiliza con frecuencia como un estándar de buen gusto, sobre todo en las áreas de la moda y la decoración.


Algunos asocian la elegancia con la simplicidad del diseño. Otros en cambio lo entienden como el buen gusto en la riqueza del diseño o decoración.


Algunos estímulos visuales se consideran elegantes si se usan un número pequeño de colores y estímulos. El color blanco se asocia a menudo con la elegancia, por lo general junto con el azul o negro.


Hoy estuve en la Feria de la Belleza, la Moda y la Cosmética de mi ciudad. La ciudad de los puentes. 

Y hablando de puentes...

Ayer estuve visitando uno de los nuevos bares instalados en el margen derecho del río Guadiana. Se llama el Muelle. 

La verdad que, es uno de esos sitios que te hace tilín en el corazón.

Es un lugar destinado a conseguir que desembuches todos tus ahorros en cócteles y heineken mientras estás rodeado de amigos y confesiones. 

Un sitio aparentemente sinuoso pero con las intenciones muy claras: sacarte los billetes de colores mientras disfrutas de un paisaje de ensueños. Si, un lugar al aire libre y con el Guadiana de fondo. 

Perfecto para recrear un momento mágico e inusual. 

Por cierto, lo reconoceréis por la simplicidad y elegancia de sus uniformes. Un kimono que te invita a pedir sushi, en concreto, el especial de la casa: Algas del Guadiana.

Nunca lo había confesado. Pero no puedo más. A mí esto de compartir siempre me ha fascinado. 




Voy a compartir algo.


Allá voy...

Siempre intento no descansar la mente jamás-bueno, sí, especialmente en lo relativo a los sentidos, especialmente dos: gusto y olfato.

No hay dos hombres (o mujeres) cuya piel sepa o huela exactamente igual que la de otro, incluso usando el mismo perfume.

Siempre he sido un muchacho obsesivo a Burberry. No por nada, sino porque resulta muy estimulante para las chicas. De hecho, les entra unas ganas irrefrenables de desabrochar la camisa y lanzarse a oler y toquetear. 

El secreto está en echar la cantidad justa, por supuesto. En concreto, dos click-click por debajo del cuello.  

No hay chico que me gane en olor "a limpio". 

Recordar: Lo poco gusta y lo mucho cansa.


Ese último consejo es mi favorito. 

Si mis amigos me piden consejo para ligar, intento ayudarles. No es que vaya de Celestino, ni dándoles fórmulas mágicas sobre cómo ligarse a una tía. Me limito a darles mi opinión cuando me la piden, no más.

Creo que la clave está en aprender a "saber estar" y ser coherente con uno mismo. En definitiva, sencillez y elegancia; pero para ello, lo mejor es viajar, leer, saber escuchar, aprender algo nuevo cada día, mejorar algo cada día, conocer a gente nueva, crear un blog, descubrir nuevas canciones, probar nuevos platos, observar, ir al teatro, visitar museos, aprender a cocinar, hablar con personas mayores, ver series, aprender juegos de magia y saber vestir bien.



El reto de la vida consiste en saber emparejar la sencillez y la elegancia.


Besos para ellas y abrazos para ellos.






martes, 8 de marzo de 2016

Cartas debajo de la almohada


Todos los días me dejaba cartas debajo de la almohada.

Era un placer desayunar en la cama mientras la leía. Es algo que siempre me ha parecido una genialidad.

Esos 10 minutos era feliz.





Trabajaba en la biblioteca más antigua de mi ciudad.

Su pasión era la moda, los conciertos, las cosas antiguas, los restaurantes caros, los postres y la lectura. Para ella la frase de "lectura obligatoria" es un contrasentido. Muchas veces me dijo que viera en la lectura no una obligación sino un goce.

Con ella aprendí que la lectura no debe ser una imposición. El placer no es obligatorio, el placer es algo que buscamos.

Nada hay más horrible que estar peleándote con un libro que estás odiando con todas tus ganas a medida que lo lees.

Una de las pocas cosas que tengo claras en esta vida es que si estoy con un libro que, por cualquier motivo, me está resultando espantoso, lo cierro y me pongo con otra historia. Sin ningún remordimiento. Lo confieso: soy un abandonador de libros.




Uf. 


Ella es increíblemente sensual. Siempre he pensando que leer libros le rejuvenecía. Ya ven ustedes. Unas piernas tonificadas y un cutis iluminado por los ángeles bajados del cielo. Me encanta, de hecho, no deja de sorprenderme. 

El poema que mejor le define es uno de Antonio Machado: 


Al olmo viejo, hendido por el rayo 

y en su mitad podrido, 

con las lluvias de abril y el sol de mayo 

algunas hojas verdes le han salido.



Ella tenía mucha vida interior. Quizá lo que más intrigado me tenga es saber cuál es su límite. 

Hace menos de un mes pasé varias semanas en Nueva York. Una ciudad que me recordó a ella por las innumerables bibliotecas que habitaban en su interior.

Siempre he pensando que ella, al igual que las bibliotecas, paralizan el tiempo. Su perfume era el olor característico de los libros usados. Su perfume te sentía atrapado hasta que leías la palabra FIN.

El aire es allí diferente. Hay un silencio reunido por 27.0000 melodías. Todo el amor escrito en pedacitos de árboles. El sonido allí es diferente. Hay que aprender a oírlo...

Me surge una pregunta:

¿Si todos los libros se abrieran de repente que melodía se escucharía?

En fin, creo que las bibliotecas son el refugios de aquellas personas que tenían la mente concentrada a un mar abierto. De personas que querías retratar sus sensaciones en el tiempo. 

Así era ella. 

Una chica sin índice. Una chica sin instrucciones. Una chica que valoraba la literatura por encima de todo. Una chica sencilla y libre. 

Si te llegas a encontrar una chica que cuida libros, mantenla cerca de ti. Ellas están echas de otra pasta/portada. Entiéndela. Interésate. 

La mujer que cuida libros está hecha de otra dimensión. Ella maneja un vocabulario impecable y se expresa con suma facilidad. Se mantiene joven y le interesa las conversaciones respetuosas, originales y susurradas al oído.

Ella tenía lo que siempre me ha gustado, lo que siempre he soñado.

Ella me enseñó a estar comunicado con todo el mundo.

Ella siempre estaba imaginando cosas que hacer, inventado otro mundo, porque dicen que uno sólo no le bastaba.

Ella seduce por sus altas piernas.

Ella seduce por el brillo de sus ojos marrones. 


Ella seduce con la imaginación de la palabra.

Ella seduce por su innovación y creación.

Ella seduce por sus movimientos a pasos agigantados.

Ella seduce por la diversidad de lenguajes.

Ella seduce por su libertad.

Ella seduce y se hace respetar
.

Ella era la Dulcinea que todo caballero quisiera tener...



Siempre he pensando que Don Quijote era el hipster de la época. Era un visionario. De hecho marcó tendencia. Todo el mundo lo recuerda al igual que el principio de algún libro. Aunque sólo sea el famoso "En un lugar de la Mancha..." con el que Miguel de Cervantes empezaba El Quijote. 


Pero hay otros inicios que, sin que seamos conscientes, han quedado grabados en nuestra memoria y sólo afloran cuando los volvemos a escuchar. Es en ese momento, al caer en la cuenta, cuando soltamos un "ahhhhh..." mientras asentimos con la cabeza.


Del mismo modo también hay finales que nos marcan. El "Vale" de El Quijote quizás no sea tan conocido en esta ocasión, pero sí es memorable llanto de Daniel el Mochuelo en El camino de Miguel Delibes. Aquel "y lloró al fin" contagió seguro a más de un lector.






Lo dicho, enamórate de una chica que te deja cartas debajo de la almohada. 


PD: Algún día retrataré alguna de esas cartas. 








sábado, 5 de marzo de 2016

Te quiero a rabiar





No hay palabras que describan el encanto que tiene recibir una carta. Pero no una carta cualquiera, sino la de ella, la chica de SoHo (azules). 

Todas las tardes escribía en su ventanal, a la misma hora y en la misma posición. Ella tenía por costumbre estirar sus largas e interminables piernas mientras escribía con el pelo suelto.


Era perfecta. De hecho, no volví a creer en el amor hasta que la vi. Pensaba que mi amor no tendría cura. Pero si, ella era la dueña de burlar mis miedos y dudas.


Estoy sentado enfrente de su ventanal y tengo clavada la vista en esa frenética mujer de constitución delgada y labios desgastados. Y será mi percepción, pero sus dedos eran ágiles y con un ritmo de vértigo. Juraría que es de ideas claras y conceptos complejos. 


Y será que las calles de New York me ponen melancólico, será que es sábado, será eso... ¡digo yo!


En el fondo soy un sentimental, o puede que sea que esté sonando Frank Sinatra en mi ipod. 


Porque, al fin y al cabo.


Y yo seguía allí abajo. Con mi camisa de cuadros y mirándote como sonreías y me escribías.


La verdad es que, esas cartas nunca me llegaron...




Bien, pues me hice el valiente y tomé la decisión de escribirte. 

No me rindo. Quiero quedarme en el intento. 

¿Existe, acaso, algo peor que esto?

La voz de dentro me grita. No puedo contenerme. Tengo un ejercito de palabras que van a ir corriendo hacia tu corazón.


Te voy a pintar los ojos de alegrías. Te voy a conquistar con un amor sin fronteras ni trincheras. Ya te aviso que no me voy a resistir. 

Mi amor tiene una mezcla de 300, Gladiator, Troya, Pearl Harbor y El mito de Bourne.

En una carta haré eterno este amor. Créeme, no estás aqui por casualidad. Y si así fuera, eres una casualidad maravillosa.

¿Te ha quedado claro?

Te quiero a rabiar...

Y es que no es cuestión de edades, quizás solo de matices. 

Creo, en mi humilde opinión, que nadie es mejor ni peor con la edad, solo es cuestión de experiencias y en tu facilidad para aprender de tus errores y seguir avanzando.

No pretendo justificar lo injustificable, vender lo invendible y conquistar lo inconquistable. Solo tengo un impulso libre por gustarte. Una carta con un sentimiento diáfano, claro, sin fisuras y como te gusta... libre de matices. Hasta tal punto que valoremos aquellas cosas que no se pueden ver.

Ya lo decía mi inspirador René Magritte: 

"Todo lo que vemos esconde otra cosa, siempre queremos ver lo que esta escondido detrás de lo que vemos."

No hay respuestas en mis post, sólo preguntas.

- Hola María,

No me conoces, pero yo a ti si. No te asustes. Soy el chico de la camisa de cuadros. Aquel chico que te cogió la carta del suelo y te la ofreció amablemente en la mano.

¿Recuerdas?

Ya sé, estás pensando de que manera he conseguido la dirección de tu casa. Ahora entiendo tu silencio.

Ahora lo entenderás todo.

No te entregué la carta tuya, sino que de manera ninja y sigilosamente, te entregué un duplicado. Pero tranquila. Simplemente engañé tu percepción con mis dotes de mago. 

Si, soy un chico de retos difíciles... 

No sé donde está el punto intermedio de la locura. 

Lo único que te puedo decir, es que me he fijado en esos pequeños matices que te hacen especial. 

Sentía las ganas de esperar tu carta con un ansia desbordada... y oler el perfume de tus letras.

Saber de ti, de tus días y tus noches sin mi. Saber a qué huele el tiempo mientras me echas de menos. Y sentir celos de la música que te susurraba al oído mientras imitaba aquellas canciones del ipod.

Sentir (te), aunque sólo fuera en una carta...

Una carta que grite mi nombre a voces, llena de besos y caricias. 

De sueños y amaneceres en terrazas...



Te espero aquí. 
Con mi camisa de cuadros.

Si, enfrente de tu cristalera... 


PD: Temblando por conocerte.









martes, 1 de marzo de 2016

Los chicos buenos no ligan


Hay ciertas cosas que, por una innumerable cantidad de defectos, parecen estar diseñadas para gustar irremediablemente a todo el mundo. Como, por ejemplo, mi forma de ser.

Sencillamente, me define la siguiente frase: mis defectos son mis virtudes. 



Uno tiende a pensar que existe en el mundo un cierto equilibrio, y que algo ahí fuera, ya sea el cosmos, el universo o Dios, compensa las virtudes y defectos de cada uno equilibrando, por así decirlo, una metafórica balanza.

Es como aquella fiesta en la que coincidieron Einstein y Marilyn Monroe y la rubia le dijo al genio: “Profesor, deberíamos casarnos y tener un hijo juntos: ¿Se imagina un bebé con mi belleza y su inteligencia?” a lo que un Einstein muy solemne, pero no exento de cierta retranca, contestó: “Desafortunadamente temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia”.

Ambos rieron, intercambiaron alguna palabra más, y ahí quedó la fantástica proposición de Marilyn y la original respuesta del gran genio. 

Y hablando de fiestas... 


Aún recuerdo aquella fiesta en Manhattan y el comentario de mi amigo Steven mientras hacíamos los últimos preparativos: "You´ll see many girls calientes". Y no le hice mucho caso porque a mí eso me sonaba a típica expresión americana. 


Pero cuando esas chicas pusieron el pie en aquella fiesta, a mí se me bajaron los pantalones y mi corazón empezó a latir las 50 palpitaciones de magritte.


Esas chicas que conseguirían que el presidente de Coca-Cola les revelara su fórmula secreta con solo una sonrisa.


Esas chicas cierrabares que al día siguiente de una noche de lujuria están inexplicablemente guapas tomando un refresco en un terraza a la luz del Lorenzo.

Esas chicas que consiguen que una camiseta blanca de Stradivarius consiga 300 me gustas en istagram en tan solo un minuto.

Esas chicas de enormes ojos verdes/marrones que invitan a ponerte el traje de jardinero y perderte entre el laberinto de Versalles.

Esas chicas que no quieren París, sino Londres.

Esas chicas frías pero que te inspiran a escribir un post antes de comer.

Esas chicas fuertes y hechas de otros gestos y miradas.

Esas chicas que admiran el paisaje mientras viajan hacia su destino en tren.

Esas chicas que no quieren promesas, sino momentos a solas.

Esas chicas que quieren un chico bueno, un príncipe azul, que siempre esté ahí y que nunca les haga daño.

Y una....

Los chicos buenos no se comen un rosco.






He de confesarte que tras averiguar esto cambié de camino. Perdí práctica en hacer mi cama, porque todas las noches deshacía las ajenas, aprendí a pedir números de teléfono con el Gin Tonic en mano y a mentir por robar besos. Dejé de ser el ingenuo creyente de algo que nunca había visto, amor lo llamaban, a buscar otra soledad para que acompañase a la mía durante unas horas y me licencié en decir las palabras exactas que toda chica desencantada quería oír.

Sírvanse una copa, pongan algo de música agradable y disfruten de sus amigos mientras ensayan las palabras exactas que toda chica quiere escuchar...


Firmado: El chico romántico que escribe posts de amor.