lunes, 2 de mayo de 2016

La danza de tu mirada



Rompió mi calma.

Joder que si la rompió. 

Es curioso lo que pasa con algunas miradas. Sucede como cuando aprendes algunas nueva palabra en inglés y, de pronto, comienzas a verlas por todas partes.

No me gustaría seguir escribiéndote sin que sepas que no quiero que seas la espera que nunca llegó, pensé en alto. 

Últimamente me dedico a salir todos los fines de semanas para buscarte y hacer lo que más me gusta un sábado por la noche: mirarte de reojo mientras me dedico a bailar con mis amigos. De hecho quiero confesarte que me paso la noche fingiendo que soy un tipo tímido y misterioso para llamarte la atención. 

Tú fuiste aquel amor a primera vista que no dura hasta el siguiente vistazo. Llámalo magia, pero te puedo asegurar que no consigo quitarte de la cabeza. Todo el rato te tengo en mente, dándole vueltas a lo mismo como una taladradora taladrando cada segundo del minuto que forma una hora. Tengo que reconocer que no dejo de mirar el teléfono cada cinco segundos para ver si me has escrito y has puesto algo parecido a: "Me voy a mi apartamento. ¿Me acompañas?"

Maldita sea con aquella desconocida que me mira y saltan las chispas de mi media sonrisa. Nos mirábamos como si tal vez fuéramos magia. Mientras tanto, pensaba la siguiente frase a medida que le daba buches a mi Brugal con naranja: «ten la virtud de saber esperar porque todo lo que tenga que ser será».

Y, de repente, un sms iluminó mi móvil. Era un privado a facebook absurdo e inesperado. Era tan absurdo que no supe contestarle hasta el día siguiente. Era un punto y coma acompañado de un paréntesis. Ambas hacían la conjugación de una carita que guiña: ;)

Llegué a casa. En el salón estaba una taza a medio beber y el ordenador mirándome. No entendía nada. Bueno si. En verdad me estaba esperando para acabar juntos el post que dejé a medias: La danza de tu mirada.

Me puse cómodo. Recalenté el té y preparé un ejercito de palabras para lanzarlos a una misión especial: Hacerte escupir sangre por la boca mientras expulsabas amores y desamores no infinitos. 

Imagina. 

El día que aterrices por casualidad en mi vida estaré preparado para recuperar los meses que nos debemos. Aún no hemos decidido a qué ciudad iremos primero, pero iremos a desayunar tostadas y tortitas.

Después la ciudad será nuestra, no dejaremos esquina sin beso ni avenida por pasear. Al caer la noche subiremos a lo más alto del hotel y allí arriba arreglaremos lo nuestro con una sola mirada. Y seremos infinito de nuevo. A beso por estrella. 

Tal vez extrañes mi comportamiento. Incluso tu cuerpo y alma puede que duden en algún momento de que esta jodida historia sea real. Tranquila, es simplemente ansiedad por la necesidad de acariciarnos, rozarnos la piel y apoyar tu cabeza en mi pecho. Escucharemos el silencio sepulcral de la noche mientras te enciendo el cigarro de después. Habrá diez minutos donde ninguno de los dos dirá nada y ambos entenderemos todo. Te va a gustar tanto que sentirás como las mariposas se desgarran en las tripas.

Por cierto, hay un dicho entre las chicas que dice: El hombre promete hasta que la mete. No sé si te suena. Ya sabes: copas gratis, cantidad de películas gratis en el cine y un futuro de promesas que nunca llegarán. En fin, el típico polvo de chas y desaparezco. 

No quisiera que pensarás eso. 



Se puede esperar y se puede perder el tiempo. 

Y otra vez a elegir, así que elijo perder el tiempo

mientras espero a que te enganches tanto a mí 

que follar ya no sólo sea eso.



Somos responsables de lo que hacemos, de nuestras elecciones. La vida es una constante elección.

¿Has pensando alguna vez lo diferente que sería tu vida si hubieses elegido París o New York?

Por elegir, elijo New York.

Quisiera llevarte por la boca del metro y ver como tu mirada se pierde en aquellas danzas urbanas. Y, cuando caiga la noche, llevarte de conciertos por Manhattan. Sin importar el público ni el ruido de alrededor. Solo habrá dos corazones que se reconocerán al mirarse a los ojos mientras el concierto del amor toque nuestra canción.


Bailar sin prisa ni pausa.

Bailar despacio y con buena letra.

Bailar sin pena y con gracia.

Mirarte mientras me pierdo en la danza de tu mirada.



Por elegir, te elijo a ti.