jueves, 29 de septiembre de 2016

San Francisco




Nunca he ido. Siempre he tenido curiosidad por ver esa ciudad tan atípica y su puente rojo y alargado. A diferencia de otras ciudades americanas, no es enorme, ni caótica, ni ruidosa, y sus habitantes sonríen al visitante en cualquier circunstancias en las que se encuentre.

Entre sus monumentos más famosos se encuentran el Golden Gate Bridge, Fisherman´s Wharf y Alcatraz. 

Soy prisionero de esa ciudad. 

Cada vez creo más en las energías. Y en concreto aquella frase que leí en el Alquimista: "Cuando quieres una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla".

Y eso voy hacer, pensar fuerte, muy fuerte. Hasta que me duela la cabeza. Este viaje empieza en lo más profundo de mi pensamiento.

Hoy quiero confesarte que tarde o temprano aterrizaré en San Francisco. Y cuando lo haga, repetiré. Porque ella por arte de magia había conseguido meterse entre yo y el resto del mundo. Porque San Francisco me enseñó a no vivir en mi pasado ni en mi futuro. Tengo sólo el presente, y eso es lo único que me interesa. Si puedes permanecer siempre en el presente serás un hombre feliz. Percibirás que en el desierto existe vida, que el cielo tiene estrellas, y que los guerreros luchan porque eso forma parte de la raza humana.

Y me pregunto con la cabeza metida entre la almohada cuando te volveré a soñar. Yo quiero aprisionarte en mis sienes y sentir la esencia de aquella ciudad. Quiero huir y admitir que tengo náuseas de ti...

Yo quiero volar por tu puente rojo y sujetarme a esos barrotes para que me ofrezcas la mejor vista de la ciudad. Consumir el aire de tus pulmones y conocer lo mundano y no volver nunca más a mi Tierra. Quiero sentir el vértigo de la locura mientras me amarras en la cárcel más famosa del mundo.

No quiero despertar y ahogarme en mi propio vómito de recuerdos. No quiero morir sabiendo que nunca sentí el placer de andar por tus calles. No quiero morir sin antes fantasear y follarte hasta que sangres de placer.

Soñar con algo improbable tiene un nombre. Lo llaman "esperanza". 

Algunos expertos dicen que la esperanza es la nueva rebeldía.

Y yo soy un rebelde. Un listillo que presume de travesuras de cuando era adolescente. Era de esos chicos que iba escribiendo cartas de amor para alardear de San Francisco y New York...




viernes, 23 de septiembre de 2016

El barco que tiré al charco.


El otro día leí una frase que me hizo pensar: "La vida es corta. Empieza por el postre."

Y yo, tan preguntón, ya tenía pregunta para mis amigos. Y no era otra que la siguiente cuestión: 

Tú cuando desnudas a una chica, ¿por dónde empiezas?

¿Y sabéis que contestaron la mayoría de ellos?

Los pantalones. 

Malditos. Ellos si que son pantalones. Y de los buenos. De los que no se rajan. En fin. Ya saben. Lo que pasa es que le gustan mucho los pantalones, por eso NO se comprometen con ninguno. 

Yo como sabéis, siempre sigo la teoría de mi yayo. 


Él dice que las chicas con los pantalones rotos han sufrido muchas caídas, por lo tanto, saben de errores y penurias sentimentales. Se tratan de chicas con carácter y llenas de experiencias.

En definitiva, la chica que acabo de conocer le encanta ir en pantalones rotos. Le da igual el color, el caso es insinuar de manera elegante y sugerente. De ir por el mundo a grito pelado diciendo: 

– Eh tú, ni se te ocurra jugar conmigo porque tengo muchos tiros pegados. 

Creo que mi abuelo es demasiado sabio, por eso, siempre acabo fiándome en chicas con los pantalones r oto s.




Y mientras ella duerme en su cama, yo estoy tomándome un café. Un café largoooo, de los que me recuerdan a la noche de ayer.

Fue brutal. 

Menuda chica más sensual. 

De hecho, me he puesto tan nervioso de recordarlo que se me ha 

de
rra
ma
do todo el café, quedándose en un café manchado. De los que me gustan a mí. Con mucha leche y poco café. 

En fin, fue una noche envuelta en magia, copas, pinta labios, cigarros y risas desmesuradas. 


Y así ocurrió. 

En lugar de usar el ascensor, decidimos subir por las escaleras para entrar en calor y entumecer sus piernas. Eso si, subí los escalones de dos en dos. Como siempre hice desde niño.

Eramos jóvenes. Inspirados por lo vintage y por la simpleza de lo moderno.

Total, que subimos corre que te corre y entramos en su casa. 

¡Menuda casa más chula tenía!


Me inspiró tanto que abrí la ventana. Inspire aire por la nariz y, mientras tanto, hice un barco con las pocas cartas que me quedaban en el bolsillo. Lo acabé y lo lancé al vacío. Hizo un pequeño tirabuzón, meciéndose en el aire con cierta gracia, para luego caer en picado hacia la deriva. Al estilo Titanic y hundiéndose en aquel charco creado por el querido Otoño. 

Ya no quedaba nadie más, tan solamente ellos dos.

Debían de ser las 3 de la mañana.
El barco penetró en el agua muy fuerte. El agua sonrió. No necesitaban explicaciones. Ambos se fusionaron y crearon el reflejo de una dama sencilla y compleja. 

En el fondo, ambos sabían que era una persona interesante. Se miraron y una fuerza de intuición, inocencia y sensualidad les juntó para siempre.

Y todo quedó en eso, en un barco, un charco y una dama ahogada en el mes de octubre.


La vida es el arte de navegar entre luces y sombras. Lo importante no es cómo soplan los vientos sino cómo se ubican las velas.

Y ahí andaba yo. Parado. Recién levantado. Bebiendo café despacio  y navegando con mi mirada por aquellas figuras recreadas en el suelo de su patio. 

Sin darme cuenta me había enamorado. Nada más lejos de la realidad, porque esperamos que las cosas buenas nos caigan del cielo constantemente y no entendemos que igual que vienen se van y que muchas veces tendremos que sacrificar algo en pro de conseguir otras cosas. 

Así que cogí fuerzas y como buen marinero puse todo mi empeño en controlar el temporal, porque supe desde ese instante que había merecido la pena subir a casa de ella. 

Y en ese instante bajé corriendo a rescatar aquel barco que tiré a las 3 de la mañana.

Y ahí estaba, lleno de grietas. 

Los rasguños que hayan podido quedarle a la cubierta ya son parte de su propio encanto y aprendizaje.

Ahora era mi turno.

Olvidaré el pasado y me centraré en el presente.










martes, 20 de septiembre de 2016

Hombre mosquito



La vida me ha enseñado que todas las lecciones de la vida se aprenden a palos. Y no puedo evitar pensar en todos aquellos errores que me han hecho ser el hombre que hoy en día soy. Era inevitable creer que aquellos días tristes me sorprenderían con nuevos aprendizajes. Me convertí sin darme cuenta en un chico de esos que buscan el perdón en vez del permiso. De esos que se dejan ilusionar con nuevos lugares. Nuevos retos. Nuevos mundos. Nuevos olores. Nuevas personas... De esos que aprenden para enseñárselo a los demás. De esos que siempre están pendientes de ti pero saben darte tu espacio.

Siempre he pensando que el sexto sentido hay que explotarlo. Creer más en tú intención que en la opinión de los demás. Ponerse los cascos y refugiarse en los sonidos que marcan tu corazón. Ser fiel a tus valores y nunca fallarte. Si algo he aprendido es que cada uno es único. Y que no hay nada más bonito que asumir tus errores y aprender de ellos. Saber levantarse después de una derrota y decir: 

– La cagué, lo siento.

La vida es una carrera de obstáculos. Así que yo me voy hacer judoka. Para saber caer con estilo. Si, eso voy hacer. 


Creo que estabais deseando que publicara otro post a ver si me descubríais del todo. Y perdona que os diga pero recordar que escribo más de vosotros que de mí. Poco a poco voy descubriendo nuevos tipos de personas. Creo que hay pocas sensaciones mejores que conocer diferentes personalidades. Me encanta aprender de ellas e inspirarme. 

Y aquí estoy. Vuelvo a escribir porque lo necesito, vuelvo a escribir para mi y nadie más, para desahogarme y plasmar todo aquello que siento y no puedo expresar. Vuelvo a ponerme a escribir porque en el fondo me gusta que me persigan y sepan de mi. De mis neuras. De mis paranoias. De mis utopías. De mis errores. De mis pasiones. De mis miedos.

Gracias al blog he descubierto una forma de vivir alejado de la realidad. Al menos por un rato. Me relaja escuchar el repique de las teclas y perder el tiempo contigo. Leyéndome. Jugando a hacerte creer que este post ya lo has vivido. 

Muchas veces escribo porque a veces siento que si expreso las cosas con palabras puedo ayudar a alguien. Escribo porque me gusta, me desahoga, me relaja y me entretiene. Escribo porque creo que es una manera de conocerme mejor y aceptar muchos hechos que no aceptamos cuando sólo están en nuestra mente. 

Y otras muchas veces escribo porque siento que se lo debo a los demás. Escribo porque me encantaría aprender a escribir y darle por boca a todos esos profesores que me decían que no sabía expresarme. En fin, escribo porque lo necesito y porque hay muchas personas que me han escrito. No hay nada más placentero que saber que mis post ayudan a exteriorizar a las personas lo que ellos no saben expresar. 

Corta y Completa se ha convertido en una parte de mí, pero sobre todo, de ti. 

Querido lector, espero que te siga "picando" la curiosidad de mis post.



Tú vuelas y tú picas y tú espantas 
Y aprendes del cuidado y las mujeres
A malquistar el sueño con las mantas.

Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580 –Ciudad Real, 1645)



PD: lo prometido es deuda. 

Va por ti, hombre mosquito. Te espero en Londres.











viernes, 16 de septiembre de 2016

Y lo volvió a encender...



Un ejercito compuesto por veinte individuos se han colado por el patio interior de mi casa. Me han amarrado y estoy preso en una habitación adornada por una estela blanquecina y grisácea. Me da miedo esta cuadrilla. Están uniformados por trajes blancos y cascos marrón dorado. Han debido de pasar un entrenamiento estricto y dosificado. No por nada, sino porque son altos y ligeramente estilizados. No me dejan hablar. De hecho mejor porque se encienden como una mecha. Estoy jodidamente atrapado. No encuentro salida.

Esta situación  me agobia demasiado. Maldita sea, voy a fumar. Eso sí, prometo que uno y ya está. A partir de ahora bajaré la cantidad de cigarrillos. Y de repente, uno de los miembros del ejército desapareció. Si, os lo prometo. Ha desaparecido por arte de magia. Al estilo Frakson. Y no, no estoy cambiando de tema. Prometo a partir de ahora dejar de fumar. Pero sin exigencias. Porque yo quiero. Y como rechistes vuelvo a fumar. Ay... espera, el último y ya está. 

Para dejar de fumar voy a necesitar enamorarme. Porque el amor todo lo vence. Porque por amor se hacen las mayores locuras del mundo. Porque el amor lo puede todo.

Muchos de vosotros contaréis hasta 10. Otros cerrarían los ojos y los abriría de nuevo para comprobar si todo es un sueño.

De una forma u otra tengo que decirte que estoy atrapado en una cortinilla de humo. No me deja respirar. No me deja avanzar. No me deja oler el perfume de la vida.

Hay cigarrillos prestados. Cigarrillos hechos a mano. Cigarrillos para el después. Cigarrillos con intención de. Cigarrillos que se apagan y no se dejan encender. Cigarrillos mata estrés. Cigarrillos que cierran acuerdos. Cigarrillos que matan. Cigarrillos que te impiden ver la realidad. Cigarrillos con sabor a chocolate.

Últimamente los cigarrillos no apagan esta desilusión que viste mi día a día. Estoy obsesionado y aterrorizado. Necesito mi espacio y  tiempo. Necesito sentir esas ganas que tenía antes por todo. 

Entre cigarrillo y cigarrillo voy descubriendo mi personalidad. Y ya me lo avisó mi madre entre calada y calada. Maldita sea. Al final es cierto. Si, aquella frase que dice: El que avisa no es traidor, es avisador.

Y aquí estoy. Rayado. Enfadado. Desilusionado. Cabreado por no oler a nuevo. A coche recién sacado del concesionario. Y si tengo algo claro, es que no pienso cambiar; no porque no quiera, sino porque la nicotina de mierda me lo a prohibo. 

Y si, ahora estoy de parranda. De calimocho. De cigarrillos. De conversaciones de chicas. Ahora estoy aprovechándome de tu ausencia mientras tú escribes en mi cama. 














lunes, 5 de septiembre de 2016

3 metros por debajo del mar


Días en los que luchamos, luchamos hasta rendirnos a nuestros pies.

La mayoría de días estamos buscando caminos, caminos que nos lleven a un lugar utópico y recargado de felicidad de la buena.

Hoy os escribo desde la oscuridad. Ahogado en este mar lleno de dudas. No soy capaz de salir. 

Aún recuerdo cuando era niño y jugaba a los coches mientras me dormía cenando en los brazos de mi madre.

Mientras tanto, mi padre se encendía un cigarro y miraba el comienzo de un nuevo Gran Hermano.

Me niego a mirar hacia atrás pensando que los días fueron mejores. Cuando el sol despertaba mis ansiadas ganas de ver los pokemón a las ocho de la mañana.

Y llámame loco, pero mi infancia no la cambio por nada del mundo.

Huele a tostada quemada y a mantequilla con mermelada.

No sé qué hay al otro lado del océano. No sé que hay debajo de mis pies. Lo único que sé, es que tengo un desayuno de la leche encima de la mesa camilla.

La forma en la que me siento ahora, juro que no la cambiaría jamás.

Tú y yo fuimos niños. Sabes a lo que me refiero. ¿Verdad?

Ahora soy un desastre perfecto buceando encima del reflejo de estrellas sin nombres.

Es de noche y me niego a encender la luz. Quiero volver a soñar y volver a mirar hacia atrás para ver que los días fueron mejores.

Me niego a olvidar. Lo siento, juro que jamás volverá a pasar.

Y ahora estoy sentado enfrente del mar imaginándome que puedo caminar por encima de estas montañas blancas y frías. 

No sé que hay debajo del mar, pero te aseguro que seguiré bailando. 

No cambiaré de mis planes de vacaciones, lo siento.

Y fuimos niños. Tanto tú como yo. Y siento que los días empiezan a quemarse.

No sé que hay debajo del mar, pero yo por si acaso, me voy a dejar enamorar.

Si tuviera que elegir entre dolor y la nada, elegiría el dolor. Quizás la sensación de no tener nada, de vivir en un vacío emocional, intelectual, y sensorial es mucho peor que el dolor que, de alguna manera, nos dice que estamos vivos.

Pocas veces nos paramos a pensar que la vida es un intercambio que se produce a muchísimos niveles, a través de gestos positivos o negativos que recibimos de los demás, ya sea en forma de caricias, como a través de miradas, gestos, broncas, gritos o silencios.

Todos ellos moldean nuestro paisaje interior y consecuentemente nuestra manera de entendernos, de construir una imagen del mundo y de dar un sentido a la existencia.

Y perdona que os interrumpa y cambie de tema. Pero el amor es una gran medicina. El amor todo lo vence. 

Y yo por ello, me pienso enamorar.

Quiero sentir esa jodida sensación de jugar contigo en la arena. De echarnos cremita del 50 en el cuerpo y 30 en la cara. Porque ambos suman 80, número exacto de los días que recorrería el mundo contigo. Porque tú te has convertido en mi inspiración. Parece mentira pero ahora todo gira alrededor de un mismo eje. Ambos hacemos el movimiento perfecto de rotación  y translación. Porque todo gira creando la sucesión del día y la noche. Has cambiado la inercia de mi vida, creando estaciones y modificando mis puntos de vista.

Sin duda alguna, has provocado en mí un campo magnético a la velocidad del rayo. 

Tengo miedo...


Algunos dicen que el miedo es bueno, otros tantos comentan que es algo que debes dominar y vencer, pero sin importar lo que sea, hoy tengo miedo… miedo de perderte, que lo nuestro termine así sin más, que un día despierte y no estés ahí, que te vayas sin dar alguna explicación.



Sin embargo sé que tendré que aceptarlo, porque tenerte conmigo fue, es y será de las mejores cosas que me hayan ocurrido, llegaste en el momento en que más te necesitaba, aún desconociendo que tú eras eso que tanto espere, la lluvia a este desierto que es mi alma, el agua que calmaría esta sed incansable…

Tengo miedo, miedo de mi, de dejarte de amar como lo hago, que al pasar de los días, lo meses y quizá los años, se desvanezca esto, como la mayoría de las cosas bonitas que me pasan en la vida, que la oscuridad regrese y deje de ser la persona que me has ayudado a ser… tengo miedo.

Por eso, me voy a enamorar de ti. Para no tener miedo. Porque el amor, el amor todo lo vence.

Te quiero.

Si a ti, Cynthia Guerrero.


PD: Firmado, el pijo de mierda.