miércoles, 29 de marzo de 2017

Poquito pero bien


Ayer asistí a una conferencia de estas que te hacen pensar. El conferenciante y la conferencia estaban enfocados hacia la felicidad. 

Una de las cosas que aprendí fue la importancia de orientarse hacia dentro. Es decir, encontrar soluciones en nuestros problemas y no culpabilizar a cosas externas. 

"Vaya porquería de día, la espalda no me deja disfrutar de este maravilloso día".

"Estoy gordo por culpa de las comidas de mi madre".

"Qué aburrido es mi trabajo, mi jefe es un pedante".

Buscamos siempre la solución en el exterior, cuando en realidad el problema habita en nosotros mismos. Perdona que toque tu sensibilidad, pero la realidad es otra distinta a la que tienes pintada en tu cabeza.

– Si estás mal no es por el dolor de espalda. Pregúntate realmente que te pasa. 

– Estás gordo porque no haces ejercicio y estás comiendo entre horas chucherías, chocolate y comida basura. 

– Tú haces que sea aburrido el trabajo, no tu jefe. 

En los últimos años he conocido muchas personas que decían:

"Mi pareja es muy aburrida, nunca me propone hacer nada, siempre tengo que tirar de él/ella". 

Si no paras de coquetear, que no te resulte tan extraño que al final acabes viendo a tu pareja un/a aburrido/a.

No puedes permitir que tu pareja sea divertida y fiel cuando solamente haces retroceder cada vez que le escribes o quedas con ese chico/a.

Quiero recordarte que las casualidades no existen. 


Con aquellas experiencias aprendí que la lectura no debe ser una imposición. El placer no es obligatorio, el placer es algo que buscamos. 

Nada hay más horrible que estar peleándote con un libro que estás odiando con todas tus ganas a medida que lo lees. Una de las pocas cosas que tengo claras en esta vida es que si estoy con un libro que, por cualquier motivo, me está resultando espantoso, lo cierro y me pongo con otra historia. Sin ningún remordimiento. Lo confieso: soy un abandonador de libros.

Aprende andar ligero. 

Un día San Francisco de Asís dijo lo siguiente: 

"Cada vez necesito menos cosas, y las pocas cosas que necesito, cada vez las necesito menos".

Estamos obsesionados siempre con tener lo mejor:

– Tener un cuerpo perfecto.
– Tener el mejor móvil.
– Tener el mejor coche.
– Tener las zapatillas más chulas del mercado.
– Tener una casa bonita.
– Tener a la pareja perfecta.
– Que nuestros hijos saquen maravillosas notas.

Si convertimos esas necesidades en absolutas tendremos un problema. La fuente de la felicidad no está en tener más o mejor. La felicidad consiste en disfrutar el momento y no convertir nuestros pensamientos en esenciales.

Deja de aparentar y disfruta de lo que eres y tienes.

Si el camarero tarda en servirte... no te enfades. Disfruta de esa conversación que tienes. Del paisaje. De los niños que juegan a tu alrededor.

Y si por casualidad no te atiende, no te preocupes. Recuerda que te sobran unos kilos de más. 

En fin, decisiones. Nos pasamos la vista tomando infinitas decisiones.
  
Debemos reaprender y apreciar lo que nos rodea. Gozar el momento y valorar lo afortunados que somos por vivir en un país desarrollado. Estamos acostumbrados a que las cosas deben ir rápido y bien. 

Queremos alcanzar la meta sin haber empezado aún el camino. La clave de la felicidad es disfrutar del camino y no la meta. 

El éxito reside en hacer pocas cosas pero bien. 

En fin, no sé que haces leyendo esto. Pero gracias por leerme.

Yo hoy me he levantado con ganas de golpear la mesa y comerme el mundo con pan. Y luego, que salga el sol por donde quiera.

Tengo auténtica debilidad, desde mi más tierna infancia, por comer a media tarde pan con chocolate. Siempre he pensado que es la merienda perfecta. Es el elixir de la eterna juventud. Y siempre acabo volviendo a su lado. Tarde o temprano. Creo que es pura obsesión.

En resumen, no alimentes las penas y nutre tus días de pan y chocolate del bueno. 









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