miércoles, 4 de abril de 2018

¿Te apetece escribir?


Y tanto. 

Me ha sentado demasiado bien cenar temprano. Esto de ponerse malo obliga a uno a cumplir las normas estipuladas por el prospecto farmacéutico. 

Ya son las 22:12h y ya he cumplido mi obligación de niño bueno: Ducharme; Cenar bien; Y tomarme las pastillas correspondientes "tras" cenar. 

Y digo "tras" porque ayer probé a tomarme las pastillas como aperitivo. Y, créeme... que al final va a ser cierta la frase: 

"Va a ser peor el remedio que la enfermedad"

Es curioso pero las grandes lecciones de la vida son las que llegan en los peores momentos. Y aunque creas que hay maneras de solucionarlo te quedas ahí, aterrizado, ahí sin notar nada. Sin explicación, porque lo notas y punto. No puedes volar. Tus alas han caído en mitad de la primavera y recuelgan en un olvido aterrador.


De verdad. De qué vas. Eh. De-Qué-Vas.


En poco más de un año tu me has dado la vuelta. Me miro y no me reconozco. Y me gustaría explicarme mejor, pero no puedo, la verdad que no sé. Tan sólo sé que la resta entre lo que soy ahora y lo que era es mucho más que positiva. Qué has hecho conmigo y con todo aquello de lo que yo me solía quejar. 

Porque sabía que estabas colgada, pero no que tus plumas estuvieran empapadas de lágrimas con sabor a sal. Qué has hecho con ese fluir de cisne negro y esa magia que te ayudaba a crear. 
No hay día que no recuerde aquel día que me invitaste a volar mientras ROTÁbamos en un cruces de miradas que solamente el silencio y el deseo entendía.

Por favor, deja que este miedo sea tan solo el telonero de este mes de Abril. Que la estrella eres tú. Qué no te mereces más noches en velas sin descubrir todo lo que te queda por crear, soñar y experimentar. Qué disfrutemos simplemente del presente. Qué el futuro no es más que lo que hagamos aquí y ahora. Qué el pasado no es modificable. Para ya. No te pierdas en entender si sientes o no. Qué para sentir hay que disfrutar, sin más. 


¿Qué si me apetece escribir?


Joder que si me apetece.

Me apetece escribirte algo que tal vez te sonará:


"El día que aterrices por casualidad en mi vida estaré preparado para recuperar los meses que nos debemos. Aún no hemos decidido a qué ciudad iremos primero, pero iremos a desayunar tostadas y tortitas.

Después la ciudad será nuestra, no dejaremos esquina sin beso ni avenida por pasear. Al caer la noche subiremos a lo más alto del hotel y allí arriba arreglaremos lo nuestro con una sola mirada. Y seremos infinito de nuevo. A beso por estrella. 

Tal vez extrañes mi comportamiento. Incluso tu cuerpo y alma puede que duden en algún momento de que esta jodida historia sea real. Tranquila, es simplemente ansiedad por la necesidad de acariciarnos, rozarnos la piel y apoyar tu cabeza en mi pecho. Escucharemos el silencio sepulcral de la noche mientras te enciendo el cigarro de después. Habrá diez minutos donde ninguno de los dos dirá nada y ambos entenderemos todo. Te va a gustar tanto que sentirás como las mariposas se desgarran en las tripas.

Por cierto, hay un dicho entre las chicas que dice: El hombre promete hasta que la mete. No sé si te suena. Ya sabes: copas gratis, cantidad de películas gratis en el cine y un futuro de promesas que nunca llegarán. En fin, el típico polvo de chas y desaparezco. 

No quisiera que pensarás eso. 

Se puede esperar y se puede perder el tiempo. 

Y otra vez a elegir, así que elijo perder el tiempo

mientras espero a que te enganches tanto a mí 

que follar ya no sólo sea eso.



Somos responsables de lo que hacemos, de nuestras elecciones. La vida es una constante elección. 

¿Has pensando alguna vez lo diferente que sería tu vida si hubieses elegido París o New York? 

Por elegir, elijo New York.

Quisiera llevarte por la boca del metro y ver como tu mirada se pierde en aquellas danzas urbanas. Y, cuando caiga la noche, llevarte de conciertos por Manhattan. Sin importar el público ni el ruido de alrededor. Solo habrá dos corazones que se reconocerán al mirarse a los ojos mientras el concierto del amor toque nuestra canción.

Bailar sin prisa ni pausa.

Bailar despacio y con buena letra.

Bailar sin pena y con gracia.

Mirarte mientras me pierdo en la danza de tu mirada.



Por elegir, te elijo a ti.


















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