miércoles, 30 de mayo de 2018

Supongo que siempre es mañana


La primavera empezaba hacer la maleta. Estaba a la vuelta de la esquina el anuncio de Estrella Damm 2018 y por consiguiente el verano, la playa, el triquini, el short y la hora de lucir cuerpazo.  

Lo contrario de una verdad no es una mentira, sino otra verdad. Lo reconozco. Este año estoy más dejado que nunca. He sido menos disciplinado a la hora de comer y hacer ejercicio. Pero bueno, no me arrepiento. No todos los años van a ser iguales. Aunque mis piernas resultarán un poco anchas para ponerme mi pantalón favorito. Necesito tener más fuerza de voluntad y radicar con las estrellas damm y la euforia de comer helados de vainilla. Aún así, seguiré estudiando la forma de recuperar este caos que he puesto en mi vida para encajarme mi pantalón blanco perla.

Deseo volver a jugar a tenis. Enfrentarme a mi peor rival: la pereza. Ese enemigo que golpea con la raqueta de modo que no te deja pensar. Que te limita a jugar a campo cerrado. Haciendo lo que él quiera. Y así es la pereza. Un jugador nato que le da igual la superficie. Puede ganarte en cemento, tierra o césped. Un especialista en dejada. De esas que tienen la intención de tirarte lo más cerca de la red para quedarte enganchado a ella. 

Y aquí estoy, perdiendo el tiempo. Enganchado y rebotado. Con la cabeza caliente y pensando que foto molona subir a Instagram. Para fardar de físico; De moreno; De bañador; De gafas de sol; De viajes; De botellas descorchadas de champán; De Ginebra. De sonrisa.

Supongo que siempre es mañana. A quién le importa, como la canción. Qué más dará la gordura si uno sonríe. Qué más dará la foto. Lo importante es sonreír y recordar lo feliz que era. Por eso escribo. Porque algún día me tocará entrar y recordarme. 

Recordarme quién era. Quién fui. Quién deseaba ser...

Y a lo malo, pues nada. Cuando surja, le dedicaré este post. O tal vez mi silencio. Por ahora no me lo planteo. 

Me voy hacer la cena.


–Cortaycompleta.