jueves, 10 de mayo de 2018

Un café con Julietta

No hay cosas que más me guste que celebrar algo. Y si es por el éxito de los amigos, mucho más. Y si te invitan, ya es la leche...


– ¡Con café por favor!


Y aquí estoy. Pidiendo un manchado. En pleno centro. En Julietta. Contándonos historias mientras vemos pasar a dos amigas con la misma camiseta. Ya saben, de esas que son blanca básica y con un rectángulo en mitad del pecho que pone LEVIS. 

Mientras tanto, seguíamos esperando. Eso sí, disfrutando de la vida y relatando la tardanza de la camarera. 

–¡Disculpe! El sandwich que pedí templado, por favor.

Con el tiempo he aprendido a esperar. Hacer pausas (...) y hablar de ti. De tu caos. De tu temperamento atemporal. De tu naturaleza. De tus rarezas. De tu humor fugaz. De tus pastillas. De tu complicidad a distancia. De tus agobios. De tus lágrimas derramadas. De tus labios intensos e imposibles. De tus comidas y cenas. De tus desayunos con leche de almendra.

-¡Disculpe! El café ya no me lo ponga. Mejor una almendra amarga. Con limón exprimido y acompañado de tres granos de café.

Por cierto, si veis que no escribo sobre el amor es que estoy amando. El chico cactus floreció. Las cartas debajo de la almohada fueron leídas. La danza de su mirada fue conquistada. El hombre mosquito fue fosilizado. 

Nada te define mejor que todo aquello que no dices. Ahora necesito canciones que expliquen lo que yo no puedo y poesías que me hagan transparente. 

Y ahora me pregunto donde estarán todas aquellas personas que leían este blog. Todas esas chicas que me buscaban sin cesar. Todas esas locuras furtivas que me querían desgarrar. Todas esas almas que pretendían dar respuestas a ese doble/doble YO.

[...]Si volvéis. Qué quizás no. No me culpéis. Tampoco os lamentéis. Fuisteis el primer: "nunca más". Hagamos las paces. Al fin de cuenta todos aprendimos. 

–¡Disculpe! La cuenta (haciendo un pequeño gesto en el aire como si estuviera pintando la NADA).

- Ya está pagado, Chris (Escuché).

Y es que mi amigo Claudio estaba feliz. Había firmado el primer contrato de su primer trabajo como Psicólogo. 

Él es de esas personas que saben TODO de mí. 
Es un diario que me contesta. 
Me responde. 
Da claridad a mis elocuencias más macabras. 

Y aquí estoy. 
Bebiéndome el último trago 
de esta almendra amarga.



PD: El chico de la baraja.