jueves, 7 de junio de 2018

La libertad ordenada


Intento esconderme en la seguridad ficticia de la rutina. La ciudad quiere mostrarme hoy su soledad, pobreza, injusticia y desesperanza al otro lado del cristal. Estoy tomando café mientras observo a personas libres encarceladas por una libertad preestablecida de un reloj que marca las menos cuarto.

Acaba de entrar un señor. Pregunta si puede ir al servicio. Tiene un aspecto desagradable y está muy nervioso. Aún así, el camarero lo deja entrar. Eso sí, tras cerrar la puerta del baño insinúa a sus clientes que lo dejó pasar porque nosotros estabamos allí. Por lo visto lo tiene a raya. 

Cae la tarde y sigo mirando por la ventana. Hoy tengo tiempo de mirar. De analizar. El teléfono suena. Es una llamada alentadora (...) Cuelgo mientras suena un portazo. Él chico de aspecto desaliñado cruza por todo el bar hasta salir por la puerta. 

Son las 21:00h. 

Y aquí estoy. Con café cargado y sin hacer nada. 

La noche llega y la ciudad sigue despierta. No duerme. Las calles están desnudas y frías. 

Me encanta sentirme libre y ausente de ruidos que no merecen ser escuchados. 

A veces era delicado, por eso he venido a este bar a estar sentado.