martes, 3 de julio de 2018

Escaleras de caracol

Magritte.
Corazón. 
Manzana.
Magia.
Fantasmas.
Amigos.
Paisajes.
Música.
Azúcar.
Baraja.
Jazz.
New York.
Perfumes.
Tacones.
Gin Tonic.
Restaurantes.
Soledad.

Y esa era mi e
              s
               c
                a
                 l
                  e
                   r
                    a 
                    de mi día a día. 

Esos escalones tenían la capacidad de elevarme. Allí arriba habitaban mis cuadros absorbidos por escupitajos de pinceles y la realidad de mi realidad. Aquella buhardilla almacenaba creatividad. Verdad. Secretos. Locuras. Infancia. Engaños. Sentimientos. Desgarro. Alegría. Belleza. Sexo. Nostalgia. Miedos. Esperanza. Sueños.

Mi vida no tenía sentido sin subir a ese lugar descalzo y con una taza de té. Reencontrarme conmigo mismo era de las mejores sensaciones que había experimentado. Perderme era fácil en aquellas circunstancias. Y es que desde la serenidad y la calma era más fácil predecir el futuro y crearlo. Siempre era un gran plan despertar mis maneras y hacer cálida mi estancia.

Es sorprendente pero estoy más cerca de los 30 años. Mi juventud está aprendiendo a valorar aún más los pequeños momentos y a perder la vergüenza. Y es que faltan dos semanas para hacer 28 años. Las células cada vez se destruyen más rápidamente y tengo menos días para dejar legado en esta humanidad consumista, machista, egoísta e individualista. 

La tecnología avanza y los clásicos siguen siendo inmortales: Don Quijote. Aristóteles. El principito. Oliver Twist. Los tres cerditos. El Conde de Montecristo. Alícia en el País de las Maravillas. El Viaje al Centro de la Tierra. Romeo y Julieta. 

Cómo si nunca se hubiera escrito algo mejor... 


Y aquí estoy. Haciéndome un té y contándome las canas una a una en el reflejo de la puerta mientras escucho a Marta Soto. Son de esos cantantes que hay que oír. De escucha obligatoria. Porque igual puede inspirarte a escribir como retarte a conquistar un nuevo lienzo. 

La verdad que sus canciones tienen gusto, intensidad y demasiada razón. Además de vez en cuando hay que salir de los clásicos y descubrir nuevos restaurantes, exposiciones, marcas de ropa... y música, mucha y muy buena.

En esta sociedad el buen gusto y las imágenes son de las principales bazas para triunfar. El físico no importa pero ayuda. Tener cachimba, gorra de animales, camisas Harper and Neyer y camiseta de LEVIS ayuda a subir status. Eso es así y será.

Llamarme clásico o aburrido, pero yo soy de los que prefieren subir escalones y no status.



PD: escrito desde mi reservado.