sábado, 29 de septiembre de 2018

El verano es como los buenos hielos

El verano no desaparece rápidamente. Invita a ser espectadores de nuestro comportamiento con la tierra. El calor sigue jugándonos malas pasadas. Y es que parece mentira pero aún siguen las máquinas de las granizadas funcionando. Los comerciantes llevando polos KELIA a las tiendas de barrio. Y las chicas paseándose con falda, sandalias con tacón fino y camiseta de mangas corta por dentro. 

Y mientras el invierno duerme en su cama, yo estoy tomándome un café. Un café largoooooooo, de los que me ayudan a despertarme y activar el hemisferio derecho del cerebro. Dependía de aquella bebida caliente y sumergida en taza blanca. Y ahí andaba yo. Parado. Recién levantado. Bebiendo café despacio y navegando con mi pensamiento en encontrar la fórmula que me ayudara a conseguir mi libertad financiera. Así que cogí fuerzas y como buen marinero puse todo mi empeño en controlar el temporal, porque supe desde ese instante que todo dependía de la posición en la que pusiera las velas. Dependía de mi. Y de nadie más. Era un tipo reservado. Lleno de sueños. Con la cabeza repleta de pensamientos. De preguntas. De pájaros. De refranes desordenados. De aspiraciones imposibles. De restaurantes caros. De caprichos innecesarios. De inseguridades. De nada y todo.

Mi vida a veces era un error. Qué le vamos a hacer, vivir es equivocarse para, algún día, acertar. Por eso, hace tiempo decidí dedicarle mi tiempo sólo a aquello que me aporta algo. Qué no me cree expectativas y que me haga vivir intensamente. Una vez leí que el futbolista perfecto es el que es muy niño dentro del campo y muy hombre fuera del mismo. Habrá quien no lo entienda. Me da igual. La cuestión es que yo he tenido esa jodida sensación. 

Odio calentar el café demasiado. Pero si algo tenemos los imbéciles de remate y sin solución, es una asombrosa capacidad de resolución. Así pues, estoy comiendo n o c i l l a con pan mientras estoy escribiendo estas líneas a la espera de que se enfríe mi querida taza blanca. Hay ocasiones en las que uno debe dejarse absorber por completo hasta sumergirse en el placer. De esta forma la capacidad de concentración es más rica y productiva. Disfrutando del viaje hasta el destino, con  sus curvas, sus precipicios y sus baches. Lo divertido es el trayecto. Siempre el trayecto. 

Así que si hoy tienes calor y estás de modo intermitente es porque aún no has bebido café y te has comido un buen bocadillo de nocilla. 

Hay pocas cosas que tengo claras en esta vida. Pero una de ellas es que todos tenemos un niño que debemos alimentar de sueños, caprichos, juguetes y, sobre todo, 
de n o c i l l a.