lunes, 10 de septiembre de 2018

Hay lugares que ahogan

Mi nido estaba desmoronándose lentamente hacia el abismo. Aquella rama estaba quebrajándose paulatinamente evocando en mi familia miedo. Y ese temor les pudo tanto  que barajaron la opción de decirme hace unos días que ya era la hora de emprender un viaje llamado emancipación. Aquellos padres que me habían visto crecer necesitaban que su criatura volara dirección a otro árbol. 

Y aquello me extraño bien poco. Estábamos a septiembre. Y este mes tiene esa manía tonta de soplar nuevos aires. De renovar, olvidar o recordar. Y no sé por qué, pero este mes a todos nos da por cambiar, estrenar, conocer, y volver.

Pero, ¿qué es la felicidad? A menudo lo pienso y siempre suelo obtener una respuesta parecida. Creo que ser feliz es poder elegir cómo, dónde y con quién pasar cada momento de nuestra vida.

Y, tal vez, ese saborcillo de incertidumbre sea lo que me hace especialmente fuerte. Que como Quevedo decía "Lo que en la juventud se aprende, toda la vida dura". 


Al final la vida consiste en eso, en aprender de una vez por todas y no tropezar una y otra vez con la misma piedra. Por eso, intentaré irme muy lejos cuando pueda. De esta forma evitaré caer con la misma piedra una y otra vez. Y cuando no, estaré a la vuelta de la esquina igual, porque no hay nada en esta vida como viajar pero tampoco hay nada como estar donde siempre con los de siempre.


Este martes 11 de septiembre parece que es martes 13. Todo es duda en mi cabeza. Como la caída de las torres gemelas. 

¿Fue provocado para que unos cuántos ganarán la guerra del petróleo y hacerse con el control de la heroína? 

¿Fue una ilusión de David Copperfield?

¿Un montaje cinematográfico?

¿Un arrebato de niño caprichoso e inmaduro?

La vida es interpretada por muchos con el pensamiento: Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro. Su creador Plauto (254-184 a.C.) ya pensaba que el ser humano tenía como base el egoísmo y que seríamos el mayor peligro y amenaza para nuestra supervivencia como especie.

Y no le faltaba razón al señor hombre. Todos luchaban por ser el macho Alfa y emanciparse antes que cualquiera de su especie. El ser humano ya no quería más cueva de Platón. Quería la casita de paja y poder defenderse de los lobos. Si, el hombre siempre a tenido esas ganas locas de emanciparse y poder tener su huerto ecológico para evitar productos químicos que no le hagan perdurar y evolucionar en el tiempo.

Estoy últimamente ansioso. Detenido. Sin ganas. Con el tiempo roto. Envuelto en miedos. Desilusionado. Inseguro. Incapaz de ayudarme. De filtrarme positividad y ganas de vivir por y para un sueño.

Y la verdad es que me extraño. Especialmente cuando me buscaba. Pensaba. O me hacia reír. 

Nunca debí acostumbrarme a  ciertas cosas. Hoy quisiera dejar atrás:

1. Esperar resultados de mí mismo y descubrir todo mi potencial. Hoy quisiera desafiarme día a día. Aquí y ahora.

2. Dejar de esperar un cierto comportamiento en mi pareja. Que me entienda y que haga lo que espero que haga (un mensaje a las 3 de la mañana motivándome, una sorpresa, un dibujo, etc..) sin recordarme y comparar su pasado con el mío.

3. Hacer cosas por obligación. Cumplir. Exigirme quedar bien con todo el mundo y no poder disfrutar por la presión social. Saber decir si o no sin importarme la opinión de los demás.

4. Ayudar a los demás y no dedicarme tiempo a mí mismo. 

5. Vivir mi realidad y no vivir en modo de espera...

6. No esperar algo de los demás... que me valoren, que hagan algo bueno para mí, que sean justos y amables. 

7. Dejar de esperar el dinero... aceptar las cantidades que tengo. No exigirle a la vida lo que ella no me da.


...Y dejo atrás, por unos instantes, mis problemas. Mis agobios. Mis neuras. Mis dudas. Mis vértigos. Mis errores. Mis horrores. Mis promesas incumplidas. Dejo atrás el pasado, el presente y el futuro. Dejo atrás el sábado, el viernes, el jueves y el martes. Dejo atrás los meses e incluso el miércoles. Dejo atrás las estaciones. Dejo atrás la luz y la oscuridad sin importarme quién gane. Lo importante es estimular la imaginación. No tener miedo al miedo. No abusar de las confianzas y dar las gracias.


El tiempo no espera por nadie. Por eso, trabajaré como si no necesitara dinero, amaré como si no me hubiesen herido y bailaré como si nadie me estuviese viendo. 

Y todo esto es por hoy.