jueves, 31 de enero de 2019

Me-Corté y Completé

El nuevo año empezó con un nuevo look. Me había convertido en un it boy sin darme cuenta. Un tipo raro e interesante que dedicaba su vida a vivir, viajar y beber Gin Tonic con haba tonka. 

Con este cambio buscaba ser un hombre de éxito y con estilo. Un tipo que reflejara en el espejo determinación, constancia y madurez. Ya saben, alguien capaz de inspirar mis adentros y construir un camino lleno de paisajes amables e idílicos.   

Este último mes hice muchas cosas interesantes. Siempre me encantó la idea de seducirme y vivir cosas distintas e intensas. En general siempre aspiraba a multiplicarme en valor y dar un paso más allá. 

Christian Magritte no es el tipo que pensáis. Christian es un joven soñador con recursos escasos. De familia humilde y trabajadora. Un niño que no tiene la oportunidad de estar viviendo en Barcelona o Madrid mientras papá y mamá le pagan la estancia para aprender de los mejores. Christian es alguien con muchas deudas. Algunos trajes bonitos y alguna que otra moneda en los bolsillos. 

¡Jodidas redes sociales. Qué daño hacéis! 

Hace unas semanas estuve en un retiro espiritual en un centro Budista en lo alto de la montaña de Pampaneira (Granada). Aquel lugar te invitaba a estar ausente del tiempo, de los míos y por supuesto, de las redes sociales. 

Aquellos días mis mejores amigos fueron la naturaleza, el silencio y mis pensamientos. En esos seis días brotó en mi cabeza imágenes, olores, situaciones e ideas con pensamientos alterados y borrachos. 
En esa semana aprendí que el Karma existe, y todo lo que sube baja. Lo que quiero decirte es que lo que resiste persiste hasta que explota y experimentas el vacío de lo ocurrido. 

Y mientras tanto en Badajoz la vida seguía igual: Parada. Borracha. Ausente. Escasa de motivación. Con un ritmo sin sentido. Historys de platos típicos y fiestas acabadas en orgasmos con sabor a plástico. 

La vida estaba siendo tan superficial que no quería bajar de aquella montaña. El retiro me ayudó a observar la vida desde un plano aventajado e inusual. Una especie de mirador que visualizaba el día a día de millones de personas de forma plastificada, enlatada, materialista y acomplejada. El amor era la verdadera contracultura. Pensar menos y querer más. Eso hacia falta. Obviar las dudas y sentir de verdad. Y es que hay más vida detrás del teléfono. De la rutina inventada. De los likes. De los boomerang. 

Y es que no hay nada más bello que intentarlo mil veces.
De ser un desastre. 
De volver a querer.
De limpiar otros besos.
De sentir.
De despejar las dudas.
De desnudar las ganas con calor y pasión.
De abrazar el presente y borrar el pasado.
De volver a confiar. 

Yo sólo pido pausa. Tirarte del pelo mientras te apoyo en la pared  y ves en el espejo mi nombre sumergido en escalofríos y fantasía. 

Yo sólo pido taquicardia, sudor, ruidos y gritos. Haciéndote temblar  y escupir mis versos sucios en tu espalda sudada y adictiva. 

Yo sólo pido balancear tu cintura con furia y escribir con lefa la palabra libertad entre tus montañas pequeñas. 

Yo sólo pido rociar mi cuerpo entre tus huesos mientras cierras los ojos y disfrutas de sexo y amor del bueno.

No prometo que me entiendas pero si que te dejes despeinar y enamorarte de esta cabeza loca y frenética. 

Te espero en....













lunes, 7 de enero de 2019

Pára-Quedas

Dicen que la vida manda a los mejores guerreros a las peores guerras. Y no tenía ninguna duda de que era así. 

No me quedaba otro remedio que perderme en mi soledad. En mi guerra. En mi propio conflicto.
 
Nadie podía ayudarme a combatir esta batalla interna. Nadie. De hecho, mi entorno se puso de acuerdo para no aumentar el dios ego. Por lo que decidieron abandonarme y tirar al vacío. 

Y aquí estoy. Gritando la caída. Observando como el avión desaparece entre las nubes mientras me doy cuenta que la adrenalina es tal que mi cuerpo está a punto de vomitar todas esas creencias erróneas de la vida y del amor. 

De repente me sentí ausente. Sin poder coger una bocanada. Solo conmigo mismo. Contemplando lo diminuto que éramos allí arriba mientras me enfrentaba al tiempo y a un diablo que tenía que matar con optimismo, decisión y firmeza. 

No estaba entrenado para esta guerra. Solo me quedaba confiar en la vida y aprender la lección que me había encomendado el cielo y las estrellas.

Era duro contemplar como mi mente me ponía trampas. Bebiendo del veneno que me mataba paulatinamente. 

¡Maldita sea!

Otra vez había bebido de aquella imagen que reflejaba un móvil en mano y rodeada de una figura oculta. ¿Quién sería? ¿Por qué se escondía? 

Mi mente me llevó a crear la imagen de varias personas (con nombres y apellidos) observándola con ganas de penetrar su alma y habitar su cuello rodeado de aquella cinta negra.

En ese momento me dio rabia. Estaba tan preciosa que cualquiera podría fijarse. Hasta la persona más ciega del lugar. Hasta la persona más loca. 

Si, llámame loco. Pero te sigo pensando. Queriendo y amando. 

No sé realmente si algún cuerpo habitó tu ser. Si han contado tus lunares. Si han aliviado tus contracturas. Si se han hipnotizado con tu perfume. Si han observado desde tu nariz tus ojos achinados. Si te han besado despacio y con ternura.

No lo sé. 

En mi mente está la esperanza que me esperes. Qué solamente salgas para divertirte y conocer a mucha gente. Para darte cuenta que realmente no hay nadie que sume a tu felicidad como tu "amigo". 

No sé si merezco o no, un amor... Solo sé que merezco tranquilidad, y a veces esta no se encuentra al lado de alguien. A veces se esconde en la completa soledad.

Es hora de matar al diablo que habita en mí y quedarme solo. Para pensarme. Sentirme. Escucharme. Perdonarme. 

Te dejo, voy a manipular este pára-quedas que me han puesto amablemente en la espalda.