lunes, 7 de enero de 2019

Pára-Quedas

Dicen que la vida manda a los mejores guerreros a las peores guerras. Y no tenía ninguna duda de que era así. 

No me quedaba otro remedio que perderme en mi soledad. En mi guerra. En mi propio conflicto.
 
Nadie podía ayudarme a combatir esta batalla interna. Nadie. De hecho, mi entorno se puso de acuerdo para no aumentar el dios ego. Por lo que decidieron abandonarme y tirar al vacío. 

Y aquí estoy. Gritando la caída. Observando como el avión desaparece entre las nubes mientras me doy cuenta que la adrenalina es tal que mi cuerpo está a punto de vomitar todas esas creencias erróneas de la vida y del amor. 

De repente me sentí ausente. Sin poder coger una bocanada. Solo conmigo mismo. Contemplando lo diminuto que éramos allí arriba mientras me enfrentaba al tiempo y a un diablo que tenía que matar con optimismo, decisión y firmeza. 

No estaba entrenado para esta guerra. Solo me quedaba confiar en la vida y aprender la lección que me había encomendado el cielo y las estrellas.

Era duro contemplar como mi mente me ponía trampas. Bebiendo del veneno que me mataba paulatinamente. 

¡Maldita sea!

Otra vez había bebido de aquella imagen que reflejaba un móvil en mano y rodeada de una figura oculta. ¿Quién sería? ¿Por qué se escondía? 

Mi mente me llevó a crear la imagen de varias personas (con nombres y apellidos) observándola con ganas de penetrar su alma y habitar su cuello rodeado de aquella cinta negra.

En ese momento me dio rabia. Estaba tan preciosa que cualquiera podría fijarse. Hasta la persona más ciega del lugar. Hasta la persona más loca. 

Si, llámame loco. Pero te sigo pensando. Queriendo y amando. 

No sé realmente si algún cuerpo habitó tu ser. Si han contado tus lunares. Si han aliviado tus contracturas. Si se han hipnotizado con tu perfume. Si han observado desde tu nariz tus ojos achinados. Si te han besado despacio y con ternura.

No lo sé. 

En mi mente está la esperanza que me esperes. Qué solamente salgas para divertirte y conocer a mucha gente. Para darte cuenta que realmente no hay nadie que sume a tu felicidad como tu "amigo". 

No sé si merezco o no, un amor... Solo sé que merezco tranquilidad, y a veces esta no se encuentra al lado de alguien. A veces se esconde en la completa soledad.

Es hora de matar al diablo que habita en mí y quedarme solo. Para pensarme. Sentirme. Escucharme. Perdonarme. 

Te dejo, voy a manipular este pára-quedas que me han puesto amablemente en la espalda.

 







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