domingo, 3 de febrero de 2019

Me encontraba en el vagón 31

Me encontraba en el vagón 31. El sol estaba pletórico, radiante y algo picantón. Lo suficientemente juguetón para mancharme la cara de pecas y subir el tono de mi moreno a nivel dios. Les juro que no les exagero. Aquellos rayos desprendían gritos y libertad. 

Nadie puede imaginar la alegría que tenía. Tampoco tú que me lees podrás jamás saborear el incordio de esas preguntas que jamás podré resolver. Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se note. Que nadie descubra el cobijo que les di a ese destiempo, inconexo y mal. 

No sé. Era la primera vez que sentía amor y odio a la vez. Un consciente imperfecto que interrumpía mi constitución y ley. Creo que la metáfora no es más que una plataforma de lanzamiento de nuevas ideas, un nuevo escenario sobre el que poder cuestionarse todo, y a tal efecto, plantearse el entrar en vigor nuevas creencias anímicas y éticas a mi persona. 

La vida me estaba tomando el pelo. Sospecho que no estuve lo suficientemente despierto para observar que debía pasar página y tomármelo todo con un poco de risa. Escribiendo nuevos post imaginándome que habría alguien que en vez de querer olvidarme hiciera por encontrar su libertad en mi besos y en compartir a mi lado la longevidad de este amor surrealista y exageradamente imperfecto. 

Mientras escribía estos párrafos ella estaba a mi lado entretenida. Sumergida en una lectura desenfrenada y canalla. Otorgando a su mente un momento de desconexión y diversión. Y ahí entendí que pocas cosas eternas existen. Y entonces, y sólo entonces, descubrí que aquel vestuario ya no sería el cuarto de la jaula. Ni el lugar para escondernos y volver a regresar. Incluso tampoco el rincón donde ver millones de películas y emocionarnos con miles de historias que nos hagan emocionar y hacer soñar. 

Mi vida estaba más viva que nunca. Estaba en un vagón distinto. En unos sentimientos concretos. Por eso no creo en la libertad, sino en la voluntad. Por eso no creo en la felicidad, sino en la alegría. Por eso tampoco creo en el esfuerzo. He visto a demasiada gente que se esforzaba toda su vida y no lo conseguía y sin embargo otros, sin dar un palo al agua, les salía todo bien. 

Ojalá querido lector no pierdas nunca el tiempo con este tipo de preguntas y pensamientos, como he hecho yo. La respuesta jamás estará en lo que digas. Sino en lo que hagas. Y es que soy pregunta. Y ser pregunta implica alimentarte de más preguntas. Ser pregunta te lleva a desconfiar de todas las respuestas. 

Y a veces me pregunto como la Danza de tu mirada puede llegar a ser pasado, presente y futuro. Recuerda:




Imagina. 

El día que aterrices por casualidad en mi vida estaré preparado para recuperar los meses que nos debemos. Aún no hemos decidido a qué ciudad iremos primero, pero iremos a desayunar tostadas y tortitas.

Después la ciudad será nuestra, no dejaremos esquina sin beso ni avenida por pasear. Al caer la noche subiremos a lo más alto del hotel y allí arriba arreglaremos lo nuestro con una sola mirada. Y seremos infinito de nuevo. A beso por estrella. 

Tal vez extrañes mi comportamiento. Incluso tu cuerpo y alma puede que duden en algún momento de que esta jodida historia sea real. Tranquila, es simplemente ansiedad por la necesidad de acariciarnos, rozarnos la piel y apoyar tu cabeza en mi pecho. Escucharemos el silencio sepulcral de la noche mientras te enciendo el cigarro de después. Habrá diez minutos donde ninguno de los dos dirá nada y ambos entenderemos todo. Te va a gustar tanto que sentirás como las mariposas se desgarran en las tripas.

Por cierto, hay un dicho entre las chicas que dice: El hombre promete hasta que la mete. No sé si te suena. Ya sabes: copas gratis, cantidad de películas gratis en el cine y un futuro de promesas que nunca llegarán. En fin, el típico polvo de chas y desaparezco. 


No quisiera que pensarás eso. 
Se puede esperar y se puede perder el tiempo. 
Y otra vez a elegir, así que elijo perder el tiempo mientras espero a que te enganches tanto a mí que follar ya no sólo sea eso.

Somos responsables de lo que hacemos, de nuestras elecciones. La vida es una constante elección. 

¿Has pensando alguna vez lo diferente que sería tu vida si hubieses elegido París o New York? 

Por elegir, elijo New York.

Quisiera llevarte por la boca del metro y ver como tu mirada se pierde en aquellas danzas urbanas. Y, cuando caiga la noche, llevarte de conciertos por Manhattan. Sin importar el público ni el ruido de alrededor. Solo habrá dos corazones que se reconocerán al mirarse a los ojos mientras el concierto del amor toque nuestra canción.

Bailar sin prisa ni pausa.
Bailar despacio y con buena letra.
Bailar sin pena y con gracia.
Mirarte mientras me pierdo en la danza de tu mirada.


Por elegir, te elijo a ti. 









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