jueves, 22 de noviembre de 2018

La chica de la academia

Vivo en el Edificio Montevideo. Ella no lo sabe. Pero yo si. 
Todos los días me asomo al balcón unos 15 minutos antes para verla pasar. Aunque sean décimas de segundos no me importa. El objetivo es verla. 

Para los que no la conocen tengo que decir que ella es de actitud decidida. Bastante independiente y con pensamientos ausentes. Era pura contradicción. Pero esa forma de ser me mantenía entusiasmado y vivo. 

Hoy iba con gorra. Y, para mi sorpresa, con un brazo escayolado. 

Una tarde más me pregunto cosas sobre ella. Mi cabeza va a explotar. No por nada, sino que estoy harto de preguntarme y no tener respuestas. No lo puedo evitar. En el fondo me moría por conocerla y saber más de ella. Y es que debería aprender a no sufrir por adelantado. A disfrutar del momento. De la ausencia. 

Mis días favoritos son los martes y los jueves a las 19:00h. Es la hora perfecta para sacar al perro. 

Ni calor ni frío. 
Ni luz ni oscuridad. 
Ni mucha ni poca gente.

Experimentalr salir a esa hora. Es genial. Y si tenéis tiempo, pasar disimuladamente para verla bailar. ¿Qué no tienes perro? No pasa nada. Cualquier día es bueno para salir a la calle y encontrar el aparcamiento perfecto. Eso si, recuerda que la mejor hora es a partir de las 19:00h. A no ser que tengas moto. De ser así has triunfado como la Pepsi. 

Querido lector. No estoy loco. Solo quiero expresar que de lunes a jueves mis días saben mejor con ella y que los silencios hablan demasiado cuando cruzo la calle sin mirar.

Y sigo preguntándome como te habrás roto el brazo. O la mano. No lo sé muy bien. Pero quiero que sepas que desde la lejanía rezo "Sana, sana, culito de rana".

Fantaseo. 
Vivo.
Me enfado.
Te escribo.
Bailo.
Me caigo.

Quiero que sepas que rapté a tu chico.
La recompensa es: 

Volverte a ver.


#esperandoquesealunes











lunes, 19 de noviembre de 2018

El reloj de mi mesilla

Tablet. Taza. Calderilla. Vaso de agua. Y lo más simbólico: un reloj blanco encima de mi mesilla.

El paso del tiempo acaba con todo. Inclusive con los malos hábitos. La vida tiene esa capacidad de sorprenderte con el peor de los exámenes. Y es que estamos predestinados a un camino del cuál no podemos escapar. Por ello, solamente hay que vivir el tiempo presente y saborear lo que nos va sucediendo. Disfrutando y confiando en la vida. Del camino.

Y es que me escondo detrás de estas palabras. Jugando a querer con fuego y descifrar esta loca manera de amar. Y es que contigo siempre prefiero perder para ganar tu sonrisa después.

El reloj no funciona. 
Marca las 12:06. 
Y está en modo sálvame. 

Hoy me he propuesto llevarlo a un relojero para darle una bocanada de aire. Arreglarlo está siendo la obsesión del día. Para que las agujas vuelvan a girar y todo vuelva a empezar. 

Y me pregunto por qué. ¿Porqué?

Y empiezo a preguntarme si la respuesta te valdrá. Y mientras tanto me siento culpable por insistirte en preguntas. Culpable de quererte tanto que olvidé mi voz. 

Y me pregunto por qué. ¿Porqué?


Y dando vueltas a mi cabeza al estilo David Bisbal me pregunto cómo hemos llegado a esta situación. Culpable de no encontrar la solución.

Y muero de ganas por escribirte: 

hola. 
Que tal.
Espero que todo bien. 
Por cierto, tengo tu reloj. 

Y sé muy bien que a veces puede más la costumbre que la soledad. Pero porque no cogernos de la mano. Sin decir nada. Solo basta estar aquí y mirarnos. 



Me duele en el alma como me siguen más de 60 defectos y no aprenden. Las dudas se divierten y no descansan nunca. Por eso voy a quererme para quererte mucho más y tratar de de ser mejor y más valiente. Es el momento de enfrentarse a la verdad.

Recuerdo que un día fui fuerte. Era una época donde nacía en mi una creatividad fuera de lo normal.Una fuente que emanaba libretas llenas de dibujos y sueños imposibles. De secretos. De trucos. De viajes a Europa y América. De restaurantes. De contactos. De perfumes. De películas. De títulos de post.De libros. De  regalos perfectos. De canciones.

Estaba recluido en voces positivas y reveladoras...

Es tiempo de volver a ponerse las pilas y cambiar el camino por la autovía. A toda prisa y sin pararme en cosas banales y sin sentido. Hoy es 19 de noviembre y debo volver a recuperar esa confianza en los demás y, lo más importante, en mí.

Hoy es un día muy importante:

El inicio de un nuevo camino. 

¿Te apuntas?


Piruletas para ellas y abrazos para ellos.