sábado, 29 de septiembre de 2018

El verano es como los buenos hielos

El verano no desaparece rápidamente. Invita a ser espectadores de nuestro comportamiento con la tierra. El calor sigue jugándonos malas pasadas. Y es que parece mentira pero aún siguen las máquinas de las granizadas funcionando. Los comerciantes llevando polos KELIA a las tiendas de barrio. Y las chicas paseándose con falda, sandalias con tacón fino y camiseta de mangas corta por dentro. 

Y mientras el invierno duerme en su cama, yo estoy tomándome un café. Un café largoooooooo, de los que me ayudan a despertarme y activar el hemisferio derecho del cerebro. Dependía de aquella bebida caliente y sumergida en taza blanca. Y ahí andaba yo. Parado. Recién levantado. Bebiendo café despacio y navegando con mi pensamiento en encontrar la fórmula que me ayudara a conseguir mi libertad financiera. Así que cogí fuerzas y como buen marinero puse todo mi empeño en controlar el temporal, porque supe desde ese instante que todo dependía de la posición en la que pusiera las velas. Dependía de mi. Y de nadie más. Era un tipo reservado. Lleno de sueños. Con la cabeza repleta de pensamientos. De preguntas. De pájaros. De refranes desordenados. De aspiraciones imposibles. De restaurantes caros. De caprichos innecesarios. De inseguridades. De nada y todo.

Mi vida a veces era un error. Qué le vamos a hacer, vivir es equivocarse para, algún día, acertar. Por eso, hace tiempo decidí dedicarle mi tiempo sólo a aquello que me aporta algo. Qué no me cree expectativas y que me haga vivir intensamente. Una vez leí que el futbolista perfecto es el que es muy niño dentro del campo y muy hombre fuera del mismo. Habrá quien no lo entienda. Me da igual. La cuestión es que yo he tenido esa jodida sensación. 

Odio calentar el café demasiado. Pero si algo tenemos los imbéciles de remate y sin solución, es una asombrosa capacidad de resolución. Así pues, estoy comiendo n o c i l l a con pan mientras estoy escribiendo estas líneas a la espera de que se enfríe mi querida taza blanca. Hay ocasiones en las que uno debe dejarse absorber por completo hasta sumergirse en el placer. De esta forma la capacidad de concentración es más rica y productiva. Disfrutando del viaje hasta el destino, con  sus curvas, sus precipicios y sus baches. Lo divertido es el trayecto. Siempre el trayecto. 

Así que si hoy tienes calor y estás de modo intermitente es porque aún no has bebido café y te has comido un buen bocadillo de nocilla. 

Hay pocas cosas que tengo claras en esta vida. Pero una de ellas es que todos tenemos un niño que debemos alimentar de sueños, caprichos, juguetes y, sobre todo, 
de n o c i l l a. 







lunes, 10 de septiembre de 2018

Hay lugares que ahogan

Mi nido estaba desmoronándose lentamente hacia el abismo. Aquella rama estaba quebrajándose paulatinamente evocando en mi familia miedo. Y ese temor les pudo tanto  que barajaron la opción de decirme hace unos días que ya era la hora de emprender un viaje llamado emancipación. Aquellos padres que me habían visto crecer necesitaban que su criatura volara dirección a otro árbol. 

Y aquello me extraño bien poco. Estábamos a septiembre. Y este mes tiene esa manía tonta de soplar nuevos aires. De renovar, olvidar o recordar. Y no sé por qué, pero este mes a todos nos da por cambiar, estrenar, conocer, y volver.

Pero, ¿qué es la felicidad? A menudo lo pienso y siempre suelo obtener una respuesta parecida. Creo que ser feliz es poder elegir cómo, dónde y con quién pasar cada momento de nuestra vida.

Y, tal vez, ese saborcillo de incertidumbre sea lo que me hace especialmente fuerte. Que como Quevedo decía "Lo que en la juventud se aprende, toda la vida dura". 


Al final la vida consiste en eso, en aprender de una vez por todas y no tropezar una y otra vez con la misma piedra. Por eso, intentaré irme muy lejos cuando pueda. De esta forma evitaré caer con la misma piedra una y otra vez. Y cuando no, estaré a la vuelta de la esquina igual, porque no hay nada en esta vida como viajar pero tampoco hay nada como estar donde siempre con los de siempre.


Este martes 11 de septiembre parece que es martes 13. Todo es duda en mi cabeza. Como la caída de las torres gemelas. 

¿Fue provocado para que unos cuántos ganarán la guerra del petróleo y hacerse con el control de la heroína? 

¿Fue una ilusión de David Copperfield?

¿Un montaje cinematográfico?

¿Un arrebato de niño caprichoso e inmaduro?

La vida es interpretada por muchos con el pensamiento: Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro. Su creador Plauto (254-184 a.C.) ya pensaba que el ser humano tenía como base el egoísmo y que seríamos el mayor peligro y amenaza para nuestra supervivencia como especie.

Y no le faltaba razón al señor hombre. Todos luchaban por ser el macho Alfa y emanciparse antes que cualquiera de su especie. El ser humano ya no quería más cueva de Platón. Quería la casita de paja y poder defenderse de los lobos. Si, el hombre siempre a tenido esas ganas locas de emanciparse y poder tener su huerto ecológico para evitar productos químicos que no le hagan perdurar y evolucionar en el tiempo.

Estoy últimamente ansioso. Detenido. Sin ganas. Con el tiempo roto. Envuelto en miedos. Desilusionado. Inseguro. Incapaz de ayudarme. De filtrarme positividad y ganas de vivir por y para un sueño.

Y la verdad es que me extraño. Especialmente cuando me buscaba. Pensaba. O me hacia reír. 

Nunca debí acostumbrarme a  ciertas cosas. Hoy quisiera dejar atrás:

1. Esperar resultados de mí mismo y descubrir todo mi potencial. Hoy quisiera desafiarme día a día. Aquí y ahora.

2. Dejar de esperar un cierto comportamiento en mi pareja. Que me entienda y que haga lo que espero que haga (un mensaje a las 3 de la mañana motivándome, una sorpresa, un dibujo, etc..) sin recordarme y comparar su pasado con el mío.

3. Hacer cosas por obligación. Cumplir. Exigirme quedar bien con todo el mundo y no poder disfrutar por la presión social. Saber decir si o no sin importarme la opinión de los demás.

4. Ayudar a los demás y no dedicarme tiempo a mí mismo. 

5. Vivir mi realidad y no vivir en modo de espera...

6. No esperar algo de los demás... que me valoren, que hagan algo bueno para mí, que sean justos y amables. 

7. Dejar de esperar el dinero... aceptar las cantidades que tengo. No exigirle a la vida lo que ella no me da.


...Y dejo atrás, por unos instantes, mis problemas. Mis agobios. Mis neuras. Mis dudas. Mis vértigos. Mis errores. Mis horrores. Mis promesas incumplidas. Dejo atrás el pasado, el presente y el futuro. Dejo atrás el sábado, el viernes, el jueves y el martes. Dejo atrás los meses e incluso el miércoles. Dejo atrás las estaciones. Dejo atrás la luz y la oscuridad sin importarme quién gane. Lo importante es estimular la imaginación. No tener miedo al miedo. No abusar de las confianzas y dar las gracias.


El tiempo no espera por nadie. Por eso, trabajaré como si no necesitara dinero, amaré como si no me hubiesen herido y bailaré como si nadie me estuviese viendo. 

Y todo esto es por hoy.









sábado, 18 de agosto de 2018

Haba Tonka


Después de un mes intenso y de asimilar que tengo 28 años, me dispongo valientemente a contaros que últimamente estoy anclado en colchones sin muelles y desayunos tomados a media tarde. 

Mis días de verano contienen cafeína y una sustancia conocida como Haba Tonka. Para los desconocidos del Gintonic informaros que es una planta de denominación caribeña que proporciona virtudes gustativas y olfativas muy potentes. Eso si, tiene un pero. Que envenena. Si te pasas de proporción puede matarte a base de buches y sorbitos. 

Y la vida al final es eso. Arriesgar y sentir la emoción de la adrenalina. Del momento. Del placer majestuoso de sentir mono. De tener la jodida sensación que el corazón corre a 1000 por hora y traspasa la piel fundiéndose en sudor en busca de un buche de Haba Tonka para refrescarse del sofocante calor de agosto.

Y la solución a mis problemas siempre fue bucear a pulmón y fingir ante los demás que estaba bien. Pero realmente estaba en el fondo. En una oscuridad vacía e infinita. Lanzando brazadas con actitud y con ganas de seguir nadando en busca de algún rayo que iluminara la superficie de un halo de esperanza.

Era inevitable. Andaba por la vida descubriendo el amor eterno y envenenando mi mala suerte de caprichos innecesarios y cenas con sabor a vino y espárragos salteados con jamón y una lengua de torta del Casar. 

Y es que mi mayor regalo era descubrir que mi destino estaba envenenado de traición y confusión. Un nudo en la garganta creado por gotas de canela y vainilla. Y es que aunque mi mundo estuviera muerto, estaba lleno de sueños y caminitos de suspiros y aliento.

No deberíamos tomar decisiones permanente basada en emociones temporales. Por eso, estuve sin escribir todo este tiempo.

Hace unas semanas estuve en Bélgica. Allí pude descubrir la magia que envolvía la ciudad que inspiró a mi inspirador René Magritte. Por fin conquisté Bruselas. Y no de cualquier manera. Sino enterrando la pieza que completaría el puzzle de mi vida. De hecho, el primer día estuve desayunando con él. Ligero. Como le gusta a él. Con una manzana y unos buchitos. Esta vez de agua. Claro está. Y para finalizar una partida de ajedrez.

Jaque Mate.

Así estaba. Quieto pero inquieto. Contento pero nostálgico. Elegante y galante. Un hombre con ganas de vivir y hacer vivir. Y así me sentí. Con aliento de percibir el calor de su musa Georgette Berger. 

Fueron cinco días reflejado en emoción, surrealismo, sentimientos personales y caprichos por lo que merece la pena viajar y vivir. 

1) Comer tu plato favorito (Carrillada con papas) en la Grand-Place.

2) Escuchar música mexicana en directo.

3) Comer chocolate de todos los tipos mientras observo Manneken Pis.

4) Enterrar una pieza de puzzle a los pies de René Magritte. 

5) Llamar al timbre de la casa Museo de René Magritte.

6) Tener un Carrefour Express enfrente del hotel.

7) Hacer magia en la última bola de Atomium.

8) Disfrutar de la brisa de Brujas mientras comes pasta cuatro quesos en un banco. 

9)Ver como tu perfume favorito te lo quitan de las manos en el aeropuerto de Zaventem. 

10) Comerme un bocata de jamón en el avión.

11) Ver París por la noche desde el aire.

12) Verla dibujar el castillo de Gantes. 



Cualquier vida es aburrida si no se sabe vivir. Y ahí está la cualidad del buen vividor. Saber vivir y no mentir. Aunque más feo que mentir es dar un disgusto. 

Por eso, fuera coña. No beban Gintonic con Haba Tonka.


PD: No vaya a ser que te lleves un disgusto. 

























miércoles, 25 de julio de 2018

Planeta Rojo



Todo fallo es una oportunidad... una oportunidad para volver a empezar. 

Y volví a empezar un nuevo post. Esta vez por recomendación de mi hermano tras leer la sorprendente noticia de Martes. El planeta rojo estará completamente iluminado por el sol. Será más brillante que en cualquier otra época del año y visible durante toda la noche.

Nunca he estado más despierto en toda mi vida. Solo entre la multitud divisaba la Luna acompañada de Martes. El Jueves sería el inicio de una noche mágica y divina. Amaba el paisaje y la sensación de silencio (...) 

Cualquier persona en mis circunstancias entendería la capacidad de belleza que tenía la noche. Tendrían que pasar 50 años para volver a vivir algo igual. 

Podría decirte tantas cosas...
Pero si te fijas en la forma
en la que le escribo,
ya deberías
saberlo 
todo.

Me gusta lo que veo, pero sé que lo que no veo me va a gustar todavía más. Y esa es la magia de no volverte a ver más... 










martes, 3 de julio de 2018

Escaleras de caracol

Magritte.
Corazón. 
Manzana.
Magia.
Fantasmas.
Amigos.
Paisajes.
Música.
Azúcar.
Baraja.
Jazz.
New York.
Perfumes.
Tacones.
Gin Tonic.
Restaurantes.
Soledad.

Y esa era mi e
              s
               c
                a
                 l
                  e
                   r
                    a 
                    de mi día a día. 

Esos escalones tenían la capacidad de elevarme. Allí arriba habitaban mis cuadros absorbidos por escupitajos de pinceles y la realidad de mi realidad. Aquella buhardilla almacenaba creatividad. Verdad. Secretos. Locuras. Infancia. Engaños. Sentimientos. Desgarro. Alegría. Belleza. Sexo. Nostalgia. Miedos. Esperanza. Sueños.

Mi vida no tenía sentido sin subir a ese lugar descalzo y con una taza de té. Reencontrarme conmigo mismo era de las mejores sensaciones que había experimentado. Perderme era fácil en aquellas circunstancias. Y es que desde la serenidad y la calma era más fácil predecir el futuro y crearlo. Siempre era un gran plan despertar mis maneras y hacer cálida mi estancia.

Es sorprendente pero estoy más cerca de los 30 años. Mi juventud está aprendiendo a valorar aún más los pequeños momentos y a perder la vergüenza. Y es que faltan dos semanas para hacer 28 años. Las células cada vez se destruyen más rápidamente y tengo menos días para dejar legado en esta humanidad consumista, machista, egoísta e individualista. 

La tecnología avanza y los clásicos siguen siendo inmortales: Don Quijote. Aristóteles. El principito. Oliver Twist. Los tres cerditos. El Conde de Montecristo. Alícia en el País de las Maravillas. El Viaje al Centro de la Tierra. Romeo y Julieta. 

Cómo si nunca se hubiera escrito algo mejor... 


Y aquí estoy. Haciéndome un té y contándome las canas una a una en el reflejo de la puerta mientras escucho a Marta Soto. Son de esos cantantes que hay que oír. De escucha obligatoria. Porque igual puede inspirarte a escribir como retarte a conquistar un nuevo lienzo. 

La verdad que sus canciones tienen gusto, intensidad y demasiada razón. Además de vez en cuando hay que salir de los clásicos y descubrir nuevos restaurantes, exposiciones, marcas de ropa... y música, mucha y muy buena.

En esta sociedad el buen gusto y las imágenes son de las principales bazas para triunfar. El físico no importa pero ayuda. Tener cachimba, gorra de animales, camisas Harper and Neyer y camiseta de LEVIS ayuda a subir status. Eso es así y será.

Llamarme clásico o aburrido, pero yo soy de los que prefieren subir escalones y no status.



PD: escrito desde mi reservado. 








domingo, 24 de junio de 2018

Celos de San Juan

Tenía una enfermedad y era(s) consciente. 

Maldita sea.

La línea enemiga estaba entre España y Portugal.
Y tú, solamente tu... sabías que tenías la culpa. 

Maldita seas.

Solo quiero que me entiendas. 
Qué contigo conocí el amor más puro y verdadero. 
Perdóname. 
Pero no te atrevas a matarme de esta forma tan elegante y canalla. 
Ay niña... deja de apretarme la mano y haz mi deseo realidad.
Qué no quiero tener nada contigo pendiente.
Solo besos en la mejilla y en el cuello.

Y qué culpa tendrás de que esté jodido y enfermo.
Era difícil explicar, 
pero mis calles se inundaban de lágrimas 
y barquitos de plata. 
Sé que ya no es lo mismo. 
Por eso quiero morir en Costa Caya 
y renacer en el Malecon. 
Para curar con sal este castigo que me han dado mis padres.

¡Esta sensación madre no la quiero volver a soportar!
Quiero quitarme esta espina clavada 
y ahogarme en un bar
para darle de beber a este maldito llanto.  

Y qué culpa tendrán ellos que esté asustado y borracho. 
De esta jodida e insultante desesperación por sentirme anclado. 

Maldita seas Sole. 

Dicen que hay amores que matan. 
Y tú lo estás haciendo como si fueras el primer amor. 

Vete.

¡No quiero verte jamás!
Fuera de mi vida.
No quiero echarte de menos. 
Ni que tú tampoco lo hagas. 

Vete maldita seas.

Qué no aguanto. 
Qué son las 00:00 de la noche 
y el corazón se me sale del pecho como todos los años. 

Y no me pidas otra copa más. 
Qué las confesiones en lo alto de la noria 
no se merecen perderse estas vistas tan bonita de mi ciudad.

Qué yo no te canto más hasta que dejes de decir tonterías.
Déjate de rollos que me tienes harta. 
Qué yo quisiera aprovechar el momento 
para decirte que eres un sufrimiento, 
que solo das pena y sufrimiento. 

Cuando no quieras más ferias y circos me avisas.
Qué yo quiero una vida tranquila 
sin enfados y celos.



Y los oídos me matan. 
No quiero ver ni escuchar. 
A estas alturas quiero curarme a sorbos de Barceló
y olor a naranja.
Porque lo que dura un cigarro 
me da tiempo a imaginar como serán esas horas 
mientras se te escapa una mirada y una sonrisa. 

Ay madre.... con todo lo canalla que fui y lo gilipollas que me siento escribiendo estas palabras. 

Ay niña,
vete ya. 

Qué yo voy a dormirme hasta el 1 de Julio para no verte más. 
Y no me sigas. 
Porque no quiero más ataques gratuitos. 
Porque si pretendes robar mi musa, 
quiero decirte, 
que no serás ladrona suficiente para robar 
estos huesos cargados de amor y locuras.

Necesito aprender a vivir y a sonreír.
Ay niña de mis amores,
déjame apurar el resto de mis días
que quiero comerte tus labios y luna 
antes que venga Sole y me mate.








viernes, 15 de junio de 2018

TAPÓN



"Conoces a muchos genios. Deberías conocer gente tonta de vez en cuando. Podrías aprender algo".


Y es que hay comentarios que no suelen mentir. Una frase en el momento exacto puede contribuir positivamente a nuestra vida, originando un cambio significativo a nuestra conducta. 

Últimamente voy a todo tipo de espectáculos: Buenos, malos, regular y patéticos. Es increíble pero de todos he aprendido algo. Pienso que cada show tapa un agujero o carencia de tu persona, y eso hace sentirme que ha merecido la pena asistir y pagar la entrada. Aunque confieso que el otro día me salí de una función. Aquello era infumable. Un ritmo lento. Poco ensayado. Mucho material y muy poco sentimiento. Lo que va siendo la definición perfecta de Truquero. Y es que cuando uno sufre y no aprende... no tiene la necesidad de pasarlo mal. 

Mientras andaba de vuelta a casa, pensé en que la vida se trata de eso. De aprender de los errores. De observar. De leer. De sentir. De empaparte de otros. De mojarte de ideas e inspirarte de los demás...

El otro día vi con mucho interés la conversación entre Jerry Seinfeld y David Letterman en el programa del segundo para Netflix: No necesitan presentación. En concreto me encantó esta idea que desarrolla Seinfeld sobre la gestión del talento. 

El talento es un caballo. Es un caballo sobre el que de repente te encuentras montado sin saber muy bien cómo. Y depende de ti que aprendas a controlarlo, que él te domine a ti o que incluso te acabe tirando al suelo. Tu carrera dependerá de esto. Así veo las carreras artísticas. Muchos se vieron de repente a lomos de un purasangre y no fueron capaz de reconducir todo ese talento salvaje.


En una ocasión leí que la gente que más te ayuda es la que entra y sale de tu vida, como un fantasma. Como Lopetegui. Sí, estamos en un mes divertido. Zidane abandona el Real Madrid. Rajoy se marcha. El socialismo lidera. Rafa Nadal gana su Roland Garros 11. Máxim Huerta dimite y cierra Twitter. Iñaki Urdangarin finalmente irá a la cárcel. Florentino Pérez ficha el entrenador de la Selección Española.  Sofía gana Supervivientes. Hoy comienza el Mundial 2018.

Supongo que pasaría algo más, pero dudo mucho que fuera de mayor importancia que esto. Sí, estamos en 2018, sin duda un año de cambios en nuestra historia.

Eso si, recordar que de todo se aprende algo. Hasta del más tonto. Y mientras tanto, España aparentando ser el país perfecto. Maquillando las apariencias y fingiendo ser genios. 





–Cortaycompleta



jueves, 7 de junio de 2018

La libertad ordenada


Intento esconderme en la seguridad ficticia de la rutina. La ciudad quiere mostrarme hoy su soledad, pobreza, injusticia y desesperanza al otro lado del cristal. Estoy tomando café mientras observo a personas libres encarceladas por una libertad preestablecida de un reloj que marca las menos cuarto.

Acaba de entrar un señor. Pregunta si puede ir al servicio. Tiene un aspecto desagradable y está muy nervioso. Aún así, el camarero lo deja entrar. Eso sí, tras cerrar la puerta del baño insinúa a sus clientes que lo dejó pasar porque nosotros estabamos allí. Por lo visto lo tiene a raya. 

Cae la tarde y sigo mirando por la ventana. Hoy tengo tiempo de mirar. De analizar. El teléfono suena. Es una llamada alentadora (...) Cuelgo mientras suena un portazo. Él chico de aspecto desaliñado cruza por todo el bar hasta salir por la puerta. 

Son las 21:00h. 

Y aquí estoy. Con café cargado y sin hacer nada. 

La noche llega y la ciudad sigue despierta. No duerme. Las calles están desnudas y frías. 

Me encanta sentirme libre y ausente de ruidos que no merecen ser escuchados. 

A veces era delicado, por eso he venido a este bar a estar sentado. 







miércoles, 30 de mayo de 2018

Supongo que siempre es mañana


La primavera empezaba hacer la maleta. Estaba a la vuelta de la esquina el anuncio de Estrella Damm 2018 y por consiguiente el verano, la playa, el triquini, el short y la hora de lucir cuerpazo.  

Lo contrario de una verdad no es una mentira, sino otra verdad. Lo reconozco. Este año estoy más dejado que nunca. He sido menos disciplinado a la hora de comer y hacer ejercicio. Pero bueno, no me arrepiento. No todos los años van a ser iguales. Aunque mis piernas resultarán un poco anchas para ponerme mi pantalón favorito. Necesito tener más fuerza de voluntad y radicar con las estrellas damm y la euforia de comer helados de vainilla. Aún así, seguiré estudiando la forma de recuperar este caos que he puesto en mi vida para encajarme mi pantalón blanco perla.

Deseo volver a jugar a tenis. Enfrentarme a mi peor rival: la pereza. Ese enemigo que golpea con la raqueta de modo que no te deja pensar. Que te limita a jugar a campo cerrado. Haciendo lo que él quiera. Y así es la pereza. Un jugador nato que le da igual la superficie. Puede ganarte en cemento, tierra o césped. Un especialista en dejada. De esas que tienen la intención de tirarte lo más cerca de la red para quedarte enganchado a ella. 

Y aquí estoy, perdiendo el tiempo. Enganchado y rebotado. Con la cabeza caliente y pensando que foto molona subir a Instagram. Para fardar de físico; De moreno; De bañador; De gafas de sol; De viajes; De botellas descorchadas de champán; De Ginebra. De sonrisa.

Supongo que siempre es mañana. A quién le importa, como la canción. Qué más dará la gordura si uno sonríe. Qué más dará la foto. Lo importante es sonreír y recordar lo feliz que era. Por eso escribo. Porque algún día me tocará entrar y recordarme. 

Recordarme quién era. Quién fui. Quién deseaba ser...

Y a lo malo, pues nada. Cuando surja, le dedicaré este post. O tal vez mi silencio. Por ahora no me lo planteo. 

Me voy hacer la cena.


–Cortaycompleta.










lunes, 28 de mayo de 2018

Un amor bloqueado


Estoy harto de correr sobre el pasado y echarme a cuesta los errores cometidos. Me agota. Me enfada. Me estresa. 

Nos fascina mirar atrás. 
Haciendo memoria. 
Creando historias. 
Y así nos va.
Creyendo que aprendemos de lo que ya ocurrió.
Aprender, lo que es aprender, nadie aprende.
Si fuera así, la humanidad habría ido mejor en absolutamente todo. Y en el amor, ni te cuento.

Esta tormenta me está causando dolor. Quiero paz. Quiero un refugio que me proteja de este infierno lleno de arañazos. De lengüetazos y palabras ardientes. De giros de cara. De paseos dándome la espalda. De una timidez disfrazada de valentía y cara. 

El amor no es esto. El amor es amistad. Confianza. Respeto. Lealtad. Saber escuchar. Comprender. Empatizar. Sorprender. Y, sobre todo, saber afrontar las cosas. Porque a nadie le gusta discutir. Te lo aseguro. 

A nadie.

Y el problema es ceder, evitar enfados y hacer como si nada. Porque en ese nada hay dudas, temores, miedos, inseguridades, celos, situaciones que deben ser solucionadas. Porque nos parece que eso que estamos haciendo está bien y no lo es. Y yo, sin atreverme a darle un consejo, le contesté que no debe darnos pereza: no hay mejor momento que éste, porque es el único que realmente tenemos.

Ahora o nunca.

No seré perfecto. Pero tampoco imperfecto.

Hoy es 28 de mayo. Y ha salido un sol de la ostia. Los rayos del sol entran por mi doble ventana y alumbra esta habitación ordenada. Y  entre tanto orden empezaba a preguntarme cual fue el principio del fin. Ese comienzo que empieza con discusiones chorras. Seguidas de rachas tontas de melancolía. Subidones totales. Y bajones bestiales. Esa chica no sabía cuando discutía más de la cuenta. Se comportaba de un modo errático e insensato. Y no señor. Yo no tengo seguro para eso.

Pero siempre que empezaba a sentir que había pocos motivos para continuar, me recordaba que aún teníamos algo tremendamente importante en común: EL AMOR.

Hace tiempo leí que sólo tropiezan los que están avanzando. Tropezar, por tanto, es una buenísima señal. Señal de que las cosas se mueven. Señal de que te diriges hacia algún sitio. Lo que es malo en la vida no es tropezar, sino quedarse ahí, tirado en el suelo. No volverse a levantar. 

Lo natural es buscar el causante del tropiezo. Encontrar la piedra. Reconocerla.

Y seguramente ahora te preguntarás:

¿Cuál es la fórmula perfecta del amor?

No lo sé. 
Solo sé que:


"Somos de los que odian amar pero quieren ser amados" 
–Rafael Lechowshi


Estoy en la curva. Con lluvia. Tormenta. Miedo. Ansiedad. Con el cinturón a punto de soltarse y escupirme hacia una muerte segura. Tengo miedo pero me siento listo para morir y llevarme conmigo todo aquello que nos hacía matarnos en vida.

Ya no habrá:

Taxistas. 
Sardinas en Sevilla. 
Gatos grises.
Últimas copas en casa de.
Fotos de vestido rojo.
Supuestos mensajes borrados.
Más días sin aburrirte. 
Celos.
Lamentaciones. 
Horas tirados en el sofá.
Más perfumes con recuerdo.



Y así se solucionó la falta de confianza. Matándome en medio de la nada y gritando mientras me chocaba: "No pasa nada".