viernes, 15 de junio de 2018

TAPÓN



"Conoces a muchos genios. Deberías conocer gente tonta de vez en cuando. Podrías aprender algo".


Y es que hay comentarios que no suelen mentir. Una frase en el momento exacto puede contribuir positivamente a nuestra vida, originando un cambio significativo a nuestra conducta. 

Últimamente voy a todo tipo de espectáculos: Buenos, malos, regular y patéticos. Es increíble pero de todos he aprendido algo. Pienso que cada show tapa un agujero o carencia de tu persona, y eso hace sentirme que ha merecido la pena asistir y pagar la entrada. Aunque confieso que el otro día me salí de una función. Aquello era infumable. Un ritmo lento. Poco ensayado. Mucho material y muy poco sentimiento. Lo que va siendo la definición perfecta de Truquero. Y es que cuando uno sufre y no aprende... no tiene la necesidad de pasarlo mal. 

Mientras andaba de vuelta a casa, pensé en que la vida se trata de eso. De aprender de los errores. De observar. De leer. De sentir. De empaparte de otros. De mojarte de ideas e inspirarte de los demás...

El otro día vi con mucho interés la conversación entre Jerry Seinfeld y David Letterman en el programa del segundo para Netflix: No necesitan presentación. En concreto me encantó esta idea que desarrolla Seinfeld sobre la gestión del talento. 

El talento es un caballo. Es un caballo sobre el que de repente te encuentras montado sin saber muy bien cómo. Y depende de ti que aprendas a controlarlo, que él te domine a ti o que incluso te acabe tirando al suelo. Tu carrera dependerá de esto. Así veo las carreras artísticas. Muchos se vieron de repente a lomos de un purasangre y no fueron capaz de reconducir todo ese talento salvaje.


En una ocasión leí que la gente que más te ayuda es la que entra y sale de tu vida, como un fantasma. Como Lopetegui. Sí, estamos en un mes divertido. Zidane abandona el Real Madrid. Rajoy se marcha. El socialismo lidera. Rafa Nadal gana su Roland Garros 11. Máxim Huerta dimite y cierra Twitter. Iñaki Urdangarin finalmente irá a la cárcel. Florentino Pérez ficha el entrenador de la Selección Española.  Sofía gana Supervivientes. Hoy comienza el Mundial 2018.

Supongo que pasaría algo más, pero dudo mucho que fuera de mayor importancia que esto. Sí, estamos en 2018, sin duda un año de cambios en nuestra historia.

Eso si, recordar que de todo se aprende algo. Hasta del más tonto. Y mientras tanto, España aparentando ser el país perfecto. Maquillando las apariencias y fingiendo ser genios. 





–Cortaycompleta



jueves, 7 de junio de 2018

La libertad ordenada


Intento esconderme en la seguridad ficticia de la rutina. La ciudad quiere mostrarme hoy su soledad, pobreza, injusticia y desesperanza al otro lado del cristal. Estoy tomando café mientras observo a personas libres encarceladas por una libertad preestablecida de un reloj que marca las menos cuarto.

Acaba de entrar un señor. Pregunta si puede ir al servicio. Tiene un aspecto desagradable y está muy nervioso. Aún así, el camarero lo deja entrar. Eso sí, tras cerrar la puerta del baño insinúa a sus clientes que lo dejó pasar porque nosotros estabamos allí. Por lo visto lo tiene a raya. 

Cae la tarde y sigo mirando por la ventana. Hoy tengo tiempo de mirar. De analizar. El teléfono suena. Es una llamada alentadora (...) Cuelgo mientras suena un portazo. Él chico de aspecto desaliñado cruza por todo el bar hasta salir por la puerta. 

Son las 21:00h. 

Y aquí estoy. Con café cargado y sin hacer nada. 

La noche llega y la ciudad sigue despierta. No duerme. Las calles están desnudas y frías. 

Me encanta sentirme libre y ausente de ruidos que no merecen ser escuchados. 

A veces era delicado, por eso he venido a este bar a estar sentado. 







miércoles, 30 de mayo de 2018

Supongo que siempre es mañana


La primavera empezaba hacer la maleta. Estaba a la vuelta de la esquina el anuncio de Estrella Damm 2018 y por consiguiente el verano, la playa, el triquini, el short y la hora de lucir cuerpazo.  

Lo contrario de una verdad no es una mentira, sino otra verdad. Lo reconozco. Este año estoy más dejado que nunca. He sido menos disciplinado a la hora de comer y hacer ejercicio. Pero bueno, no me arrepiento. No todos los años van a ser iguales. Aunque mis piernas resultarán un poco anchas para ponerme mi pantalón favorito. Necesito tener más fuerza de voluntad y radicar con las estrellas damm y la euforia de comer helados de vainilla. Aún así, seguiré estudiando la forma de recuperar este caos que he puesto en mi vida para encajarme mi pantalón blanco perla.

Deseo volver a jugar a tenis. Enfrentarme a mi peor rival: la pereza. Ese enemigo que golpea con la raqueta de modo que no te deja pensar. Que te limita a jugar a campo cerrado. Haciendo lo que él quiera. Y así es la pereza. Un jugador nato que le da igual la superficie. Puede ganarte en cemento, tierra o césped. Un especialista en dejada. De esas que tienen la intención de tirarte lo más cerca de la red para quedarte enganchado a ella. 

Y aquí estoy, perdiendo el tiempo. Enganchado y rebotado. Con la cabeza caliente y pensando que foto molona subir a Instagram. Para fardar de físico; De moreno; De bañador; De gafas de sol; De viajes; De botellas descorchadas de champán; De Ginebra. De sonrisa.

Supongo que siempre es mañana. A quién le importa, como la canción. Qué más dará la gordura si uno sonríe. Qué más dará la foto. Lo importante es sonreír y recordar lo feliz que era. Por eso escribo. Porque algún día me tocará entrar y recordarme. 

Recordarme quién era. Quién fui. Quién deseaba ser...

Y a lo malo, pues nada. Cuando surja, le dedicaré este post. O tal vez mi silencio. Por ahora no me lo planteo. 

Me voy hacer la cena.


–Cortaycompleta.










lunes, 28 de mayo de 2018

Un amor bloqueado


Estoy harto de correr sobre el pasado y echarme a cuesta los errores cometidos. Me agota. Me enfada. Me estresa. 

Nos fascina mirar atrás. 
Haciendo memoria. 
Creando historias. 
Y así nos va.
Creyendo que aprendemos de lo que ya ocurrió.
Aprender, lo que es aprender, nadie aprende.
Si fuera así, la humanidad habría ido mejor en absolutamente todo. Y en el amor, ni te cuento.

Esta tormenta me está causando dolor. Quiero paz. Quiero un refugio que me proteja de este infierno lleno de arañazos. De lengüetazos y palabras ardientes. De giros de cara. De paseos dándome la espalda. De una timidez disfrazada de valentía y cara. 

El amor no es esto. El amor es amistad. Confianza. Respeto. Lealtad. Saber escuchar. Comprender. Empatizar. Sorprender. Y, sobre todo, saber afrontar las cosas. Porque a nadie le gusta discutir. Te lo aseguro. 

A nadie.

Y el problema es ceder, evitar enfados y hacer como si nada. Porque en ese nada hay dudas, temores, miedos, inseguridades, celos, situaciones que deben ser solucionadas. Porque nos parece que eso que estamos haciendo está bien y no lo es. Y yo, sin atreverme a darle un consejo, le contesté que no debe darnos pereza: no hay mejor momento que éste, porque es el único que realmente tenemos.

Ahora o nunca.

No seré perfecto. Pero tampoco imperfecto.

Hoy es 28 de mayo. Y ha salido un sol de la ostia. Los rayos del sol entran por mi doble ventana y alumbra esta habitación ordenada. Y  entre tanto orden empezaba a preguntarme cual fue el principio del fin. Ese comienzo que empieza con discusiones chorras. Seguidas de rachas tontas de melancolía. Subidones totales. Y bajones bestiales. Esa chica no sabía cuando discutía más de la cuenta. Se comportaba de un modo errático e insensato. Y no señor. Yo no tengo seguro para eso.

Pero siempre que empezaba a sentir que había pocos motivos para continuar, me recordaba que aún teníamos algo tremendamente importante en común: EL AMOR.

Hace tiempo leí que sólo tropiezan los que están avanzando. Tropezar, por tanto, es una buenísima señal. Señal de que las cosas se mueven. Señal de que te diriges hacia algún sitio. Lo que es malo en la vida no es tropezar, sino quedarse ahí, tirado en el suelo. No volverse a levantar. 

Lo natural es buscar el causante del tropiezo. Encontrar la piedra. Reconocerla.

Y seguramente ahora te preguntarás:

¿Cuál es la fórmula perfecta del amor?

No lo sé. 
Solo sé que:


"Somos de los que odian amar pero quieren ser amados" 
–Rafael Lechowshi


Estoy en la curva. Con lluvia. Tormenta. Miedo. Ansiedad. Con el cinturón a punto de soltarse y escupirme hacia una muerte segura. Tengo miedo pero me siento listo para morir y llevarme conmigo todo aquello que nos hacía matarnos en vida.

Ya no habrá:

Taxistas. 
Sardinas en Sevilla. 
Gatos grises.
Últimas copas en casa de.
Fotos de vestido rojo.
Supuestos mensajes borrados.
Más días sin aburrirte. 
Celos.
Lamentaciones. 
Horas tirados en el sofá.
Más perfumes con recuerdo.



Y así se solucionó la falta de confianza. Matándome en medio de la nada y gritando mientras me chocaba: "No pasa nada".
















martes, 22 de mayo de 2018

¡Sácame de aquí!


Últimamente solo hago comer, dormir, ver las redes sociales y escribir. Escribir mucho. 

Estoy en ese estado intermitente que todo me da igual. Y no es que me sienta orgulloso. Todo lo contrario. Necesito salir de esta pesadilla. De este reloj de arena que me ahoga y no me deja respirar ni avanzar.

Las manos me sudan. La mente me pesa y el cuerpo me pide llorar. Cada vez me cuesta más entenderme y decirme directamente la verdad. Y el problema va a ser ese, no saber leerme entre líneas.

Es 22 de Mayo y me pregunto qué estoy haciendo aquí. Acalorado, con el sudor empapándome la piel, con la respiración agitada y el corazón palpitando en mi pecho como en una carrera de relevos. Avergonzado y, al mismo tiempo, alegre. También un poco furioso. 

Se me cae la piel por la falta de humedad. Mi cuerpo deshidratado se cae a trozos y en silencio grita: ¡sácame de aquí! 

En silencio grito oxígeno para respirar. Respirar de esta falta de mi. Respirar de esta ausencia de mi. Respirar para sentirme mejor y aliviar este dolor con sabor a temor.

Hace poco mi Psicólogo y amigo Claudio le dijo una gran frase a mi hermano David:

"La mejor manera de ser feliz es tener sueños y aspiraciones que cumplir". 

La frase era la ostia. Cojonuda. Imparable. Inspiradora. Fértil. Brillante. La repera... Pero basta de tópicos. De hipocresía. De trampantojos. 

Los sueños se alimentan de dinero. Y punto. Final.

Si tienes una idea sin dinero, estás perdido. La financiación es tan importante como la idea. Te explicaré mejor: La idea es la persona y el dinero es el alimento. Las dos van cogidas de la mano. Si no tienes ambas estás perdido. 

Después hay una tercera variable llamada suerte. Esta aparecerá cuando sepas gestionar tus: recursos, amistades, habilidades sociales y emociones.

Eres la ola que se ahoga bajo el agua que necesita beber.
Eres la boca del lobo que necesitas morder.

Y aquí estoy. Dándome consejos. Escribiéndome con palabras y escuchándome con sentimientos. Y ojalá cuando termine de escribirme siga queriéndome. Porque lo mejor de mi vida soy yo; pero de repente, si te pienso, creo estar riendo a carcajadas salpicando el agua del mar. Y me persigues apresurado para evitar que alguna de tus olas se me acerque. Y me beses y me abraces con tus brazos que no son abrazos, sino dos huracanes que cuando se juntan me hacen perder la gravedad y el sentido común. 

Si me quisieras, yo no tendría que seguir con esta mierda. Porque ya he pasado por ahí. Ya se que es perder amigos. Dinero. Dignidad. Ya se que es destrozar mi ego y empaparme la piel de tinta negra. Porque el éxito es un pulpo que te abraza y te hace recordar que ocho tentáculos te dicen que si y luego que no...

¡Basta ya calamar!

Ya estoy cansando de tener la virtud de saber esperar. La gente dice que llega un momento en el que toca abrir los ojos y hacer las cosas bien. ¡Qué manía joder! ¡Con todo ese rollo de ojos abiertos o cerrados! Como si los soñadores solo lo fuéramos cuando dormimos...

Yo creo que siempre hay que tenerlos abiertos. Abiertos cuando soñamos, y abiertos hasta cuando escuecen debajo del mar.

Y así es el éxito. Salado. 

Hay destinos que se equivocan de personas...





Después de todo, no fui nada.


Chao Christian.
Ya nos veremos.
Un beso.







domingo, 20 de mayo de 2018

Los besos de Bárbara

Bárbara era una chica marcada por la bipolaridad, pero impregnada por el cariño y la sonrisa constante en las buenas etapas de su vida. Una vida repleta de misterios. 

Las personas más cercanas explican que era una mujer tierna, atenta y coqueta. No le preocupaba nada, tan solo no encontrar su amor verdadero. 

Y ahí estaba. En medio de la calle. Besando la comisura de los labios a su chico en el mes de abril. Disfrutando del instante de la orilla y siendo consciente de que no podía enamorarse. No quería más daño. O tal vez, salvaguardándose a futuras tormentas de la primavera. 

Y es que la primavera tiene ese olor tan característico. Hay olores que deberían poder embotellarse para usar a placer, para traer a la memoria y hasta los labios cuando queramos. Me encantaría echar unas gotitas de esa tormenta. Protegiéndome y requiriendo la ausencia de granizos y rayos.


“Santa Bárbara bendita,
que en el cielo estás escrita
con papel y agua bendita.
Santa Bárbara doncella,
líbranos de la centella
y del rayo mal parado.
Jesucristo está enclavado
en el ara de la Cruz.
Paternoste, Amén Jesús.”


Me gusta.
Y no es por lo guapa que es. Que también.
Pero guapas hay muchas.

Y puede que cueste creer, pero es mejor todavía por dentro.

–Imaginé. Porque no la conocía. Era misteriosa.

Me gusta por cómo me trata, cómo me hace sentir en cada momento, por cómo me acepta, incluso con mis defectos. Y por cómo me ve guapo incluso levantado. Es por su manera de hacerme sonreír cada día, por su apoyo incondicional cuando todo está encima y por su manera de llevarme a lo más alto con tan sólo una gota de agua.

Es por cómo es ella.
Conmigo.

–Imaginé. Porque no la conocía. 

Supongo que ella es así con todos. Guapa pero traicionera como la primavera. Alérgica a mis instintos. Revoltosa y desafinada. Y es que a veces tengo la puta sensación de que sus gotas provocan calor de un abrazo. Sonrisas salpicadas por un corto deseo. Recuerdos de una distancia que no se puede separar más.

Estaba tan guapa, tan guapa como la primera vez, tan guapa como los finales tristes que terminan con un beso, como esas tormentas que te ahogan si no te mojan. 

–Imaginé. 

Ella era de camisa blanca o negra, falda o vaqueros, zapatos o zapatillas. Bolso o mochila. Pelo suelto o coleta. Bufanda negra, blanca, beige o gris....

Un día determinado, una circunstancia concreta te hace pensar que tienes un límite. Decides ir hacia ella y tratar de alcanzarla. Cuando lo consigues, piensas: De acuerdo, he llegado a mi límite. 
Pero, tan pronto como lo alcanzas, algo te sucede y, de repente, puedes ir un poco más lejos. Con el poder de tu mente, tu determinación, tu instinto y tu experiencia, puedes llegar a volar muy alto.

Después de todo, no fuimos nada. 
Solo tormenta.

Y ahora que es 20 de Mayo dices que me echas de menos... y yo me quiero reír...




sábado, 19 de mayo de 2018

Entre gatos

Últimamente leo a muchos jóvenes que quieren morir jóven. Porque lo han vivido todo. 

Si, eso insinúan.  

Perdónenme, pero yo soy un chico que necesita 7 vidas. Por eso vivo entre gatos. Porque dicen que dos que duermen en un mismo colchón se vuelven de la misma condición. Y yo quiero esa condición: Tener más vidas. Y llámame caprichoso. Pero quiero vivir más para seguir enamorándome del instante ahora. Para seguir leyendo poesía y beber cerveza fría. Para encontrarme con aquella inspiración espirada. Para escuchar la canción que no quiero dejar de escuchar.

Y te preguntarás que canción es. 

Pues bien, esa curiosidad por saber es la que me mantiene vivo. Por eso quiero vivir. Para convertirme en respuestas y árbol. Para dar sombra y cobijo a todos esos niños que anhelan comer arte y cultura. 

¡Ay de mí! 

¿Se me nota que tengo miedo o te disimulo bien?

Haber, yo no tengo miedo a morir, le tengo miedo a la nada. Por eso necesito el sol. Para poder respirar. 

Antes que se me olvide. La canción es Daugther - "Smother".

Es una melodía que invita a parar. Observar. Descubrir. Pasear. Preguntar. Arriesgar. Ensayar. Hablar. Leer. Escribir. Sentir. Grabar. Fotografiar. Pintar. Abrazar. Besar. Beber.

Ahora que escribo beber. Me voy a pedir un café. No hay cosa que más me guste que ir a Madrid a escribir y disfrutar de una agradable compañía. En concreto al primer Cat Café de España. Una cafetería que contiene en su interior una colonia controlada por gatos. 

¿Hay algo más relaxing en Madrid que un café con leche in Plaza Mayor rodeado de gatos en La Gatoteca? 

El local está situado en la calle Argumosa 28, muy cerca del museo Reina Sofía. Un garito muy gatuno y recomendable. Si estás leyendo esto no dudes en ir y dejarte los bigotes de espuma y granos tostados. 

Es bueno tener un montón de gatos alrededor. Si uno se siente mal, mira a los gatos y se siente mejor, porque ellos saben que las cosas son como son. Cuando me siento mal me basta con mirar los gatos y mi valor regresa. 

Y aquí estoy. Mirando gatos mientras soplo fuertemente la taza de café. Creo que los gatos son la escritura perfecta del misterio y el espíritu encarnado de la tierra. De hecho, es el único animal que ha logrado domesticar al hombre.

Son las 0:12, del 20 de Mayo del 2018. La gente está ausente en el primer chupito de la noche. 

.revés al mundo el Y

Yo quiero 7 vidas 
mientras los demás se emborrachan 
de instantes 
en cada ahora. 




































































jueves, 10 de mayo de 2018

Un café con Julietta

No hay cosas que más me guste que celebrar algo. Y si es por el éxito de los amigos, mucho más. Y si te invitan, ya es la leche...


– ¡Con café por favor!


Y aquí estoy. Pidiendo un manchado. En pleno centro. En Julietta. Contándonos historias mientras vemos pasar a dos amigas con la misma camiseta. Ya saben, de esas que son blanca básica y con un rectángulo en mitad del pecho que pone LEVIS. 

Mientras tanto, seguíamos esperando. Eso sí, disfrutando de la vida y relatando la tardanza de la camarera. 

–¡Disculpe! El sandwich que pedí templado, por favor.

Con el tiempo he aprendido a esperar. Hacer pausas (...) y hablar de ti. De tu caos. De tu temperamento atemporal. De tu naturaleza. De tus rarezas. De tu humor fugaz. De tus pastillas. De tu complicidad a distancia. De tus agobios. De tus lágrimas derramadas. De tus labios intensos e imposibles. De tus comidas y cenas. De tus desayunos con leche de almendra.

-¡Disculpe! El café ya no me lo ponga. Mejor una almendra amarga. Con limón exprimido y acompañado de tres granos de café.

Por cierto, si veis que no escribo sobre el amor es que estoy amando. El chico cactus floreció. Las cartas debajo de la almohada fueron leídas. La danza de su mirada fue conquistada. El hombre mosquito fue fosilizado. 

Nada te define mejor que todo aquello que no dices. Ahora necesito canciones que expliquen lo que yo no puedo y poesías que me hagan transparente. 

Y ahora me pregunto donde estarán todas aquellas personas que leían este blog. Todas esas chicas que me buscaban sin cesar. Todas esas locuras furtivas que me querían desgarrar. Todas esas almas que pretendían dar respuestas a ese doble/doble YO.

[...]Si volvéis. Qué quizás no. No me culpéis. Tampoco os lamentéis. Fuisteis el primer: "nunca más". Hagamos las paces. Al fin de cuenta todos aprendimos. 

–¡Disculpe! La cuenta (haciendo un pequeño gesto en el aire como si estuviera pintando la NADA).

- Ya está pagado, Chris (Escuché).

Y es que mi amigo Claudio estaba feliz. Había firmado el primer contrato de su primer trabajo como Psicólogo. 

Él es de esas personas que saben TODO de mí. 
Es un diario que me contesta. 
Me responde. 
Da claridad a mis elocuencias más macabras. 

Y aquí estoy. 
Bebiéndome el último trago 
de esta almendra amarga.



PD: El chico de la baraja.













viernes, 4 de mayo de 2018

ALEPH

Lo primero es lo primero. Hay que dar prioridad al poeta antes que al poema. No hay nada mejor que atender a los sentimientos y nadar a contracorriente en busca de esas letras llenas de lujuria y belleza.

Porque lo fugaz es efímero. Porque lo que brilla un segundo para desaparecer después cobra mayor deseo si consigue vencer al destino y quedarse atrapado entre las páginas de un libro. De la misma forma que Jorge Luis Borges plasmó en aquellas hojas amarillentas El Aleph.

Borges describe el Aleph como “una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor”, cuyo diámetro sería “de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba allí, sin disminución de tamaño”. Según Borges, el Aleph es el punto mítico del universo donde todos los actos, todos los tiempos (presente, pasado y futuro), ocupan “el mismo punto, sin superposición y sin transparencia”. De lo cual se desprende que el Aleph representa, tal como en Matemáticas, el infinito y, por extensión, el universo.

No hay nada que se escurra más que el presente y quizá, por eso mismo, nos empeñamos en gritar tan fuerte cuando se marca un gol. Estrenar vestido, nadar a contracorriente, olvidar el cargador, salir un viernes, llamar por teléfono por última vez, perder la cartera, el avión y hasta la ropa interior.

Y es que cuando los vientos soplan, voy necesitando gente que me conozca y me abrace sigilosamente mientras me pierdo en el ruido de la ciudad de New York. 

Y allí me fui. A la ciudad de los sueños. 

New York era una ciudad monstruosa, y yo, un loco turista entre sus calles. Todas las mañanas la ciudad me despertaba con la fuerza de un tsunami en Tailandia y me invitaba a visitar sus grandes avenidas. Sus calles estaban repletas de curiosidades. No necesitaba guía, la idea era perderme y sentirme bohemio. Me gusta estar solo.

Creo que si una persona sabe todo de ti, de repente te vuelves cobarde. Alguien que sabe tus miedos y tus experiencias no va a dejarte salir corriendo porque te ganará en todas las carreras. Podrá aprovechar todos los pasos en falso que des y eso me aterroriza. Me asusta el hecho de que alguien me conozca bien o incluso que tenga la intención de ello, me enerva que terminen mis frases, me lean la mente o sepan siempre lo que, en el fondo, quiero decir sin decirlo. Evito los choques de miradas, los traspiés y las noches despierta. 

Por eso me guardo para mí, lo mejor y lo peor de yo mismo, para que solo sea yo la persona que pueda disfrutarlo o quizá el único que tenga que aguantarlo. 

Gran lección la que me enseñó New York.

Y es que ser natural era una tarea difícil y complicada. No os puedo contar mucho más. Bueno si, que me encanta el yogur y todos sus beneficios para el sistema inmunitario. Ya que ayuda a combatir las infecciones y disminuye los efectos negativos de los antibióticos. Además, estabiliza la flora intestinal y el conjunto de  microorganismos del sistema digestivo. 

En fin, todo un gladiator para el beneficio de la salud.

Soy un poco raro, pero creo que todo en la vida es arte. Todo lo que hacemos. Cómo te vistes. La forma en la que quieres a alguien y cómo le hablas. Tu sonrisa y tu personalidad. Cómo escribes. La comida que cocinas. Los idiomas que sabes. Los libros que lees.

Soy un poco raro, pero pienso que cuando encontramos a alguien con rarezas compatibles a las nuestras no hay que dejarlas escapar.

Así que hoy digo que no existe nada más bonito que una mujer que usa siempre tacones y que disfruta de su juventud y sus caídas. Se bebe una copita de vino en las cenas. O dos. Y se toma un buen trozo de chocolate negro después. 

Que esos momentos buenos no los podemos vivir sin más. Por que se acaban. Por que la gente que ahora está a tu lado, un día no estará. Y no nos damos cuenta.

Bueno, tampoco hay que ponerse dramáticos. Pero sí que tenemos que estar avispados. Dar gracias por dentro a quién tengas que dárselas e intentar exprimir hasta la cáscara de esos momentos. 

Y de esto va ALEPH. De aprender de nuestro pasado, disfrutar de el presente y descubrir nuestro futuro.

Y es que nada es eterno. Por eso hay que descubrir nuestra mejor versión de nosotros mismos muy rápido. Para disfrutar al máximo.

Y no quiero agobiar, pero debes encontrar cuanto antes esas personas que te ayuden a naturalizar las cosas. A ser tú. A ser uno mismo. A que te ayuden a ser mejor de lo que eras. Porque nada es eterno. Porque todo vive y muere. Porque los sueños se escapan día a día.

Y yo ahora muero de amor. De amor eterno. De amor negro. De amor gitano. De amor rizado. De amor sevillano. De amor Italiano. Del amor consentido. Del amor a renovarse. Del amor a descubrir cosas interesantes. Del amor por inventar y reinventarse. Del amor al 21. Del efecto mariposa. De la música. De las obras de Magritte. De las acuarelas de Claude Monet. Del arte. De la filosofía. De la corriente peripatética. De vivir. De besar. De sentir. 

De escribir...















miércoles, 4 de abril de 2018

¿Te apetece escribir?


Y tanto. 

Me ha sentado demasiado bien cenar temprano. Esto de ponerse malo obliga a uno a cumplir las normas estipuladas por el prospecto farmacéutico. 

Ya son las 22:12h y ya he cumplido mi obligación de niño bueno: Ducharme; Cenar bien; Y tomarme las pastillas correspondientes "tras" cenar. 

Y digo "tras" porque ayer probé a tomarme las pastillas como aperitivo. Y, créeme... que al final va a ser cierta la frase: 

"Va a ser peor el remedio que la enfermedad"

Es curioso pero las grandes lecciones de la vida son las que llegan en los peores momentos. Y aunque creas que hay maneras de solucionarlo te quedas ahí, aterrizado, ahí sin notar nada. Sin explicación, porque lo notas y punto. No puedes volar. Tus alas han caído en mitad de la primavera y recuelgan en un olvido aterrador.


De verdad. De qué vas. Eh. De-Qué-Vas.


En poco más de un año tu me has dado la vuelta. Me miro y no me reconozco. Y me gustaría explicarme mejor, pero no puedo, la verdad que no sé. Tan sólo sé que la resta entre lo que soy ahora y lo que era es mucho más que positiva. Qué has hecho conmigo y con todo aquello de lo que yo me solía quejar. 

Porque sabía que estabas colgada, pero no que tus plumas estuvieran empapadas de lágrimas con sabor a sal. Qué has hecho con ese fluir de cisne negro y esa magia que te ayudaba a crear. 
No hay día que no recuerde aquel día que me invitaste a volar mientras ROTÁbamos en un cruces de miradas que solamente el silencio y el deseo entendía.

Por favor, deja que este miedo sea tan solo el telonero de este mes de Abril. Que la estrella eres tú. Qué no te mereces más noches en velas sin descubrir todo lo que te queda por crear, soñar y experimentar. Qué disfrutemos simplemente del presente. Qué el futuro no es más que lo que hagamos aquí y ahora. Qué el pasado no es modificable. Para ya. No te pierdas en entender si sientes o no. Qué para sentir hay que disfrutar, sin más. 


¿Qué si me apetece escribir?


Joder que si me apetece.

Me apetece escribirte algo que tal vez te sonará:


"El día que aterrices por casualidad en mi vida estaré preparado para recuperar los meses que nos debemos. Aún no hemos decidido a qué ciudad iremos primero, pero iremos a desayunar tostadas y tortitas.

Después la ciudad será nuestra, no dejaremos esquina sin beso ni avenida por pasear. Al caer la noche subiremos a lo más alto del hotel y allí arriba arreglaremos lo nuestro con una sola mirada. Y seremos infinito de nuevo. A beso por estrella. 

Tal vez extrañes mi comportamiento. Incluso tu cuerpo y alma puede que duden en algún momento de que esta jodida historia sea real. Tranquila, es simplemente ansiedad por la necesidad de acariciarnos, rozarnos la piel y apoyar tu cabeza en mi pecho. Escucharemos el silencio sepulcral de la noche mientras te enciendo el cigarro de después. Habrá diez minutos donde ninguno de los dos dirá nada y ambos entenderemos todo. Te va a gustar tanto que sentirás como las mariposas se desgarran en las tripas.

Por cierto, hay un dicho entre las chicas que dice: El hombre promete hasta que la mete. No sé si te suena. Ya sabes: copas gratis, cantidad de películas gratis en el cine y un futuro de promesas que nunca llegarán. En fin, el típico polvo de chas y desaparezco. 

No quisiera que pensarás eso. 

Se puede esperar y se puede perder el tiempo. 

Y otra vez a elegir, así que elijo perder el tiempo

mientras espero a que te enganches tanto a mí 

que follar ya no sólo sea eso.



Somos responsables de lo que hacemos, de nuestras elecciones. La vida es una constante elección. 

¿Has pensando alguna vez lo diferente que sería tu vida si hubieses elegido París o New York? 

Por elegir, elijo New York.

Quisiera llevarte por la boca del metro y ver como tu mirada se pierde en aquellas danzas urbanas. Y, cuando caiga la noche, llevarte de conciertos por Manhattan. Sin importar el público ni el ruido de alrededor. Solo habrá dos corazones que se reconocerán al mirarse a los ojos mientras el concierto del amor toque nuestra canción.

Bailar sin prisa ni pausa.

Bailar despacio y con buena letra.

Bailar sin pena y con gracia.

Mirarte mientras me pierdo en la danza de tu mirada.



Por elegir, te elijo a ti.