miércoles, 5 de diciembre de 2018

Candados en el puente

El otro día cuando salí a correr observé que el Puente Real estaba lleno de candados. De historias empezadas e incluso acabadas. Quién sabe. El caso es que aquella imagen me hizo pensar en cuantas llaves enterradas habría debajo del río Guadiana. 

¿Aquellos amores perdurarían como los candados? 

Creo que todos estamos de acuerdo con que nada es para siempre. Pero también estamos seguros de lo que se cuida, dura un poco más. 


Y es que aquellos candados tenían la piel envejecida.
Con aliento frío y oxidado. 
Maniatados de brazos
y aferrados con tanta fuerza
que desprendían un sonido 
en mi.

Aquella situación me invitó a sentarme y comer palomitas mientras observaba como las llaves abrían puertas hacia nuevos viajes. Hacia nuevos mundos.

Y no me quiero casarme.
Y no quiero un juego de vajillas.
Pero si quiero ponerte un anillo de moras y comernos como tiburones.

Y no quiero que seas perfecta.
Y no quiero Lisboa.
Pero si los Ángeles y las Vegas.

Y no quiero pasado.
Y no quiero preguntas.
Porque el amor NUNCA pregunta.
El amor responde.

Por eso, quiero casarme a nuestra manera y pasar el resto de mi vida contigo. 

Sin candados ni llaves que abran o cierren puertas.


Te quiero.



PD:Te espero en la puerta,35.















jueves, 22 de noviembre de 2018

La chica de la academia

Vivo en el Edificio Montevideo. Ella no lo sabe. Pero yo si. 
Todos los días me asomo al balcón unos 15 minutos antes para verla pasar. Aunque sean décimas de segundos no me importa. El objetivo es verla. 

Para los que no la conocen tengo que decir que ella es de actitud decidida. Bastante independiente y con pensamientos ausentes. Era pura contradicción. Pero esa forma de ser me mantenía entusiasmado y vivo. 

Hoy iba con gorra. Y, para mi sorpresa, con un brazo escayolado. 

Una tarde más me pregunto cosas sobre ella. Mi cabeza va a explotar. No por nada, sino que estoy harto de preguntarme y no tener respuestas. No lo puedo evitar. En el fondo me moría por conocerla y saber más de ella. Y es que debería aprender a no sufrir por adelantado. A disfrutar del momento. De la ausencia. 

Mis días favoritos son los martes y los jueves a las 19:00h. Es la hora perfecta para sacar al perro. 

Ni calor ni frío. 
Ni luz ni oscuridad. 
Ni mucha ni poca gente.

Experimentalr salir a esa hora. Es genial. Y si tenéis tiempo, pasar disimuladamente para verla bailar. ¿Qué no tienes perro? No pasa nada. Cualquier día es bueno para salir a la calle y encontrar el aparcamiento perfecto. Eso si, recuerda que la mejor hora es a partir de las 19:00h. A no ser que tengas moto. De ser así has triunfado como la Pepsi. 

Querido lector. No estoy loco. Solo quiero expresar que de lunes a jueves mis días saben mejor con ella y que los silencios hablan demasiado cuando cruzo la calle sin mirar.

Y sigo preguntándome como te habrás roto el brazo. O la mano. No lo sé muy bien. Pero quiero que sepas que desde la lejanía rezo "Sana, sana, culito de rana".

Fantaseo. 
Vivo.
Me enfado.
Te escribo.
Bailo.
Me caigo.

Quiero que sepas que rapté a tu chico.
La recompensa es: 

Volverte a ver.


#esperandoquesealunes











lunes, 19 de noviembre de 2018

El reloj de mi mesilla

Tablet. Taza. Calderilla. Vaso de agua. Y lo más simbólico: un reloj blanco encima de mi mesilla.

El paso del tiempo acaba con todo. Inclusive con los malos hábitos. La vida tiene esa capacidad de sorprenderte con el peor de los exámenes. Y es que estamos predestinados a un camino del cuál no podemos escapar. Por ello, solamente hay que vivir el tiempo presente y saborear lo que nos va sucediendo. Disfrutando y confiando en la vida. Del camino.

Y es que me escondo detrás de estas palabras. Jugando a querer con fuego y descifrar esta loca manera de amar. Y es que contigo siempre prefiero perder para ganar tu sonrisa después.

El reloj no funciona. 
Marca las 12:06. 
Y está en modo sálvame. 

Hoy me he propuesto llevarlo a un relojero para darle una bocanada de aire. Arreglarlo está siendo la obsesión del día. Para que las agujas vuelvan a girar y todo vuelva a empezar. 

Y me pregunto por qué. ¿Porqué?

Y empiezo a preguntarme si la respuesta te valdrá. Y mientras tanto me siento culpable por insistirte en preguntas. Culpable de quererte tanto que olvidé mi voz. 

Y me pregunto por qué. ¿Porqué?


Y dando vueltas a mi cabeza al estilo David Bisbal me pregunto cómo hemos llegado a esta situación. Culpable de no encontrar la solución.

Y muero de ganas por escribirte: 

hola. 
Que tal.
Espero que todo bien. 
Por cierto, tengo tu reloj. 

Y sé muy bien que a veces puede más la costumbre que la soledad. Pero porque no cogernos de la mano. Sin decir nada. Solo basta estar aquí y mirarnos. 



Me duele en el alma como me siguen más de 60 defectos y no aprenden. Las dudas se divierten y no descansan nunca. Por eso voy a quererme para quererte mucho más y tratar de de ser mejor y más valiente. Es el momento de enfrentarse a la verdad.

Recuerdo que un día fui fuerte. Era una época donde nacía en mi una creatividad fuera de lo normal.Una fuente que emanaba libretas llenas de dibujos y sueños imposibles. De secretos. De trucos. De viajes a Europa y América. De restaurantes. De contactos. De perfumes. De películas. De títulos de post.De libros. De  regalos perfectos. De canciones.

Estaba recluido en voces positivas y reveladoras...

Es tiempo de volver a ponerse las pilas y cambiar el camino por la autovía. A toda prisa y sin pararme en cosas banales y sin sentido. Hoy es 19 de noviembre y debo volver a recuperar esa confianza en los demás y, lo más importante, en mí.

Hoy es un día muy importante:

El inicio de un nuevo camino. 

¿Te apuntas?


Piruletas para ellas y abrazos para ellos.














sábado, 29 de septiembre de 2018

El verano es como los buenos hielos

El verano no desaparece rápidamente. Invita a ser espectadores de nuestro comportamiento con la tierra. El calor sigue jugándonos malas pasadas. Y es que parece mentira pero aún siguen las máquinas de las granizadas funcionando. Los comerciantes llevando polos KELIA a las tiendas de barrio. Y las chicas paseándose con falda, sandalias con tacón fino y camiseta de mangas corta por dentro. 

Y mientras el invierno duerme en su cama, yo estoy tomándome un café. Un café largoooooooo, de los que me ayudan a despertarme y activar el hemisferio derecho del cerebro. Dependía de aquella bebida caliente y sumergida en taza blanca. Y ahí andaba yo. Parado. Recién levantado. Bebiendo café despacio y navegando con mi pensamiento en encontrar la fórmula que me ayudara a conseguir mi libertad financiera. Así que cogí fuerzas y como buen marinero puse todo mi empeño en controlar el temporal, porque supe desde ese instante que todo dependía de la posición en la que pusiera las velas. Dependía de mi. Y de nadie más. Era un tipo reservado. Lleno de sueños. Con la cabeza repleta de pensamientos. De preguntas. De pájaros. De refranes desordenados. De aspiraciones imposibles. De restaurantes caros. De caprichos innecesarios. De inseguridades. De nada y todo.

Mi vida a veces era un error. Qué le vamos a hacer, vivir es equivocarse para, algún día, acertar. Por eso, hace tiempo decidí dedicarle mi tiempo sólo a aquello que me aporta algo. Qué no me cree expectativas y que me haga vivir intensamente. Una vez leí que el futbolista perfecto es el que es muy niño dentro del campo y muy hombre fuera del mismo. Habrá quien no lo entienda. Me da igual. La cuestión es que yo he tenido esa jodida sensación. 

Odio calentar el café demasiado. Pero si algo tenemos los imbéciles de remate y sin solución, es una asombrosa capacidad de resolución. Así pues, estoy comiendo n o c i l l a con pan mientras estoy escribiendo estas líneas a la espera de que se enfríe mi querida taza blanca. Hay ocasiones en las que uno debe dejarse absorber por completo hasta sumergirse en el placer. De esta forma la capacidad de concentración es más rica y productiva. Disfrutando del viaje hasta el destino, con  sus curvas, sus precipicios y sus baches. Lo divertido es el trayecto. Siempre el trayecto. 

Así que si hoy tienes calor y estás de modo intermitente es porque aún no has bebido café y te has comido un buen bocadillo de nocilla. 

Hay pocas cosas que tengo claras en esta vida. Pero una de ellas es que todos tenemos un niño que debemos alimentar de sueños, caprichos, juguetes y, sobre todo, 
de n o c i l l a. 







lunes, 10 de septiembre de 2018

Hay lugares que ahogan

Mi nido estaba desmoronándose lentamente hacia el abismo. Aquella rama estaba quebrajándose paulatinamente evocando en mi familia miedo. Y ese temor les pudo tanto  que barajaron la opción de decirme hace unos días que ya era la hora de emprender un viaje llamado emancipación. Aquellos padres que me habían visto crecer necesitaban que su criatura volara dirección a otro árbol. 

Y aquello me extraño bien poco. Estábamos a septiembre. Y este mes tiene esa manía tonta de soplar nuevos aires. De renovar, olvidar o recordar. Y no sé por qué, pero este mes a todos nos da por cambiar, estrenar, conocer, y volver.

Pero, ¿qué es la felicidad? A menudo lo pienso y siempre suelo obtener una respuesta parecida. Creo que ser feliz es poder elegir cómo, dónde y con quién pasar cada momento de nuestra vida.

Y, tal vez, ese saborcillo de incertidumbre sea lo que me hace especialmente fuerte. Que como Quevedo decía "Lo que en la juventud se aprende, toda la vida dura". 


Al final la vida consiste en eso, en aprender de una vez por todas y no tropezar una y otra vez con la misma piedra. Por eso, intentaré irme muy lejos cuando pueda. De esta forma evitaré caer con la misma piedra una y otra vez. Y cuando no, estaré a la vuelta de la esquina igual, porque no hay nada en esta vida como viajar pero tampoco hay nada como estar donde siempre con los de siempre.


Este martes 11 de septiembre parece que es martes 13. Todo es duda en mi cabeza. Como la caída de las torres gemelas. 

¿Fue provocado para que unos cuántos ganarán la guerra del petróleo y hacerse con el control de la heroína? 

¿Fue una ilusión de David Copperfield?

¿Un montaje cinematográfico?

¿Un arrebato de niño caprichoso e inmaduro?

La vida es interpretada por muchos con el pensamiento: Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro. Su creador Plauto (254-184 a.C.) ya pensaba que el ser humano tenía como base el egoísmo y que seríamos el mayor peligro y amenaza para nuestra supervivencia como especie.

Y no le faltaba razón al señor hombre. Todos luchaban por ser el macho Alfa y emanciparse antes que cualquiera de su especie. El ser humano ya no quería más cueva de Platón. Quería la casita de paja y poder defenderse de los lobos. Si, el hombre siempre a tenido esas ganas locas de emanciparse y poder tener su huerto ecológico para evitar productos químicos que no le hagan perdurar y evolucionar en el tiempo.

Estoy últimamente ansioso. Detenido. Sin ganas. Con el tiempo roto. Envuelto en miedos. Desilusionado. Inseguro. Incapaz de ayudarme. De filtrarme positividad y ganas de vivir por y para un sueño.

Y la verdad es que me extraño. Especialmente cuando me buscaba. Pensaba. O me hacia reír. 

Nunca debí acostumbrarme a  ciertas cosas. Hoy quisiera dejar atrás:

1. Esperar resultados de mí mismo y descubrir todo mi potencial. Hoy quisiera desafiarme día a día. Aquí y ahora.

2. Dejar de esperar un cierto comportamiento en mi pareja. Que me entienda y que haga lo que espero que haga (un mensaje a las 3 de la mañana motivándome, una sorpresa, un dibujo, etc..) sin recordarme y comparar su pasado con el mío.

3. Hacer cosas por obligación. Cumplir. Exigirme quedar bien con todo el mundo y no poder disfrutar por la presión social. Saber decir si o no sin importarme la opinión de los demás.

4. Ayudar a los demás y no dedicarme tiempo a mí mismo. 

5. Vivir mi realidad y no vivir en modo de espera...

6. No esperar algo de los demás... que me valoren, que hagan algo bueno para mí, que sean justos y amables. 

7. Dejar de esperar el dinero... aceptar las cantidades que tengo. No exigirle a la vida lo que ella no me da.


...Y dejo atrás, por unos instantes, mis problemas. Mis agobios. Mis neuras. Mis dudas. Mis vértigos. Mis errores. Mis horrores. Mis promesas incumplidas. Dejo atrás el pasado, el presente y el futuro. Dejo atrás el sábado, el viernes, el jueves y el martes. Dejo atrás los meses e incluso el miércoles. Dejo atrás las estaciones. Dejo atrás la luz y la oscuridad sin importarme quién gane. Lo importante es estimular la imaginación. No tener miedo al miedo. No abusar de las confianzas y dar las gracias.


El tiempo no espera por nadie. Por eso, trabajaré como si no necesitara dinero, amaré como si no me hubiesen herido y bailaré como si nadie me estuviese viendo. 

Y todo esto es por hoy.









sábado, 18 de agosto de 2018

Haba Tonka


Después de un mes intenso y de asimilar que tengo 28 años, me dispongo valientemente a contaros que últimamente estoy anclado en colchones sin muelles y desayunos tomados a media tarde. 

Mis días de verano contienen cafeína y una sustancia conocida como Haba Tonka. Para los desconocidos del Gintonic informaros que es una planta de denominación caribeña que proporciona virtudes gustativas y olfativas muy potentes. Eso si, tiene un pero. Que envenena. Si te pasas de proporción puede matarte a base de buches y sorbitos. 

Y la vida al final es eso. Arriesgar y sentir la emoción de la adrenalina. Del momento. Del placer majestuoso de sentir mono. De tener la jodida sensación que el corazón corre a 1000 por hora y traspasa la piel fundiéndose en sudor en busca de un buche de Haba Tonka para refrescarse del sofocante calor de agosto.

Y la solución a mis problemas siempre fue bucear a pulmón y fingir ante los demás que estaba bien. Pero realmente estaba en el fondo. En una oscuridad vacía e infinita. Lanzando brazadas con actitud y con ganas de seguir nadando en busca de algún rayo que iluminara la superficie de un halo de esperanza.

Era inevitable. Andaba por la vida descubriendo el amor eterno y envenenando mi mala suerte de caprichos innecesarios y cenas con sabor a vino y espárragos salteados con jamón y una lengua de torta del Casar. 

Y es que mi mayor regalo era descubrir que mi destino estaba envenenado de traición y confusión. Un nudo en la garganta creado por gotas de canela y vainilla. Y es que aunque mi mundo estuviera muerto, estaba lleno de sueños y caminitos de suspiros y aliento.

No deberíamos tomar decisiones permanente basada en emociones temporales. Por eso, estuve sin escribir todo este tiempo.

Hace unas semanas estuve en Bélgica. Allí pude descubrir la magia que envolvía la ciudad que inspiró a mi inspirador René Magritte. Por fin conquisté Bruselas. Y no de cualquier manera. Sino enterrando la pieza que completaría el puzzle de mi vida. De hecho, el primer día estuve desayunando con él. Ligero. Como le gusta a él. Con una manzana y unos buchitos. Esta vez de agua. Claro está. Y para finalizar una partida de ajedrez.

Jaque Mate.

Así estaba. Quieto pero inquieto. Contento pero nostálgico. Elegante y galante. Un hombre con ganas de vivir y hacer vivir. Y así me sentí. Con aliento de percibir el calor de su musa Georgette Berger. 

Fueron cinco días reflejado en emoción, surrealismo, sentimientos personales y caprichos por lo que merece la pena viajar y vivir. 

1) Comer tu plato favorito (Carrillada con papas) en la Grand-Place.

2) Escuchar música mexicana en directo.

3) Comer chocolate de todos los tipos mientras observo Manneken Pis.

4) Enterrar una pieza de puzzle a los pies de René Magritte. 

5) Llamar al timbre de la casa Museo de René Magritte.

6) Tener un Carrefour Express enfrente del hotel.

7) Hacer magia en la última bola de Atomium.

8) Disfrutar de la brisa de Brujas mientras comes pasta cuatro quesos en un banco. 

9)Ver como tu perfume favorito te lo quitan de las manos en el aeropuerto de Zaventem. 

10) Comerme un bocata de jamón en el avión.

11) Ver París por la noche desde el aire.

12) Verla dibujar el castillo de Gantes. 



Cualquier vida es aburrida si no se sabe vivir. Y ahí está la cualidad del buen vividor. Saber vivir y no mentir. Aunque más feo que mentir es dar un disgusto. 

Por eso, fuera coña. No beban Gintonic con Haba Tonka.


PD: No vaya a ser que te lleves un disgusto. 

























miércoles, 25 de julio de 2018

Planeta Rojo



Todo fallo es una oportunidad... una oportunidad para volver a empezar. 

Y volví a empezar un nuevo post. Esta vez por recomendación de mi hermano tras leer la sorprendente noticia de Martes. El planeta rojo estará completamente iluminado por el sol. Será más brillante que en cualquier otra época del año y visible durante toda la noche.

Nunca he estado más despierto en toda mi vida. Solo entre la multitud divisaba la Luna acompañada de Martes. El Jueves sería el inicio de una noche mágica y divina. Amaba el paisaje y la sensación de silencio (...) 

Cualquier persona en mis circunstancias entendería la capacidad de belleza que tenía la noche. Tendrían que pasar 50 años para volver a vivir algo igual. 

Podría decirte tantas cosas...
Pero si te fijas en la forma
en la que le escribo,
ya deberías
saberlo 
todo.

Me gusta lo que veo, pero sé que lo que no veo me va a gustar todavía más. Y esa es la magia de no volverte a ver más... 










martes, 3 de julio de 2018

Escaleras de caracol

Magritte.
Corazón. 
Manzana.
Magia.
Fantasmas.
Amigos.
Paisajes.
Música.
Azúcar.
Baraja.
Jazz.
New York.
Perfumes.
Tacones.
Gin Tonic.
Restaurantes.
Soledad.

Y esa era mi e
              s
               c
                a
                 l
                  e
                   r
                    a 
                    de mi día a día. 

Esos escalones tenían la capacidad de elevarme. Allí arriba habitaban mis cuadros absorbidos por escupitajos de pinceles y la realidad de mi realidad. Aquella buhardilla almacenaba creatividad. Verdad. Secretos. Locuras. Infancia. Engaños. Sentimientos. Desgarro. Alegría. Belleza. Sexo. Nostalgia. Miedos. Esperanza. Sueños.

Mi vida no tenía sentido sin subir a ese lugar descalzo y con una taza de té. Reencontrarme conmigo mismo era de las mejores sensaciones que había experimentado. Perderme era fácil en aquellas circunstancias. Y es que desde la serenidad y la calma era más fácil predecir el futuro y crearlo. Siempre era un gran plan despertar mis maneras y hacer cálida mi estancia.

Es sorprendente pero estoy más cerca de los 30 años. Mi juventud está aprendiendo a valorar aún más los pequeños momentos y a perder la vergüenza. Y es que faltan dos semanas para hacer 28 años. Las células cada vez se destruyen más rápidamente y tengo menos días para dejar legado en esta humanidad consumista, machista, egoísta e individualista. 

La tecnología avanza y los clásicos siguen siendo inmortales: Don Quijote. Aristóteles. El principito. Oliver Twist. Los tres cerditos. El Conde de Montecristo. Alícia en el País de las Maravillas. El Viaje al Centro de la Tierra. Romeo y Julieta. 

Cómo si nunca se hubiera escrito algo mejor... 


Y aquí estoy. Haciéndome un té y contándome las canas una a una en el reflejo de la puerta mientras escucho a Marta Soto. Son de esos cantantes que hay que oír. De escucha obligatoria. Porque igual puede inspirarte a escribir como retarte a conquistar un nuevo lienzo. 

La verdad que sus canciones tienen gusto, intensidad y demasiada razón. Además de vez en cuando hay que salir de los clásicos y descubrir nuevos restaurantes, exposiciones, marcas de ropa... y música, mucha y muy buena.

En esta sociedad el buen gusto y las imágenes son de las principales bazas para triunfar. El físico no importa pero ayuda. Tener cachimba, gorra de animales, camisas Harper and Neyer y camiseta de LEVIS ayuda a subir status. Eso es así y será.

Llamarme clásico o aburrido, pero yo soy de los que prefieren subir escalones y no status.



PD: escrito desde mi reservado. 








domingo, 24 de junio de 2018

Celos de San Juan

Tenía una enfermedad y era(s) consciente. 

Maldita sea.

La línea enemiga estaba entre España y Portugal.
Y tú, solamente tu... sabías que tenías la culpa. 

Maldita seas.

Solo quiero que me entiendas. 
Qué contigo conocí el amor más puro y verdadero. 
Perdóname. 
Pero no te atrevas a matarme de esta forma tan elegante y canalla. 
Ay niña... deja de apretarme la mano y haz mi deseo realidad.
Qué no quiero tener nada contigo pendiente.
Solo besos en la mejilla y en el cuello.

Y qué culpa tendrás de que esté jodido y enfermo.
Era difícil explicar, 
pero mis calles se inundaban de lágrimas 
y barquitos de plata. 
Sé que ya no es lo mismo. 
Por eso quiero morir en Costa Caya 
y renacer en el Malecon. 
Para curar con sal este castigo que me han dado mis padres.

¡Esta sensación madre no la quiero volver a soportar!
Quiero quitarme esta espina clavada 
y ahogarme en un bar
para darle de beber a este maldito llanto.  

Y qué culpa tendrán ellos que esté asustado y borracho. 
De esta jodida e insultante desesperación por sentirme anclado. 

Maldita seas Sole. 

Dicen que hay amores que matan. 
Y tú lo estás haciendo como si fueras el primer amor. 

Vete.

¡No quiero verte jamás!
Fuera de mi vida.
No quiero echarte de menos. 
Ni que tú tampoco lo hagas. 

Vete maldita seas.

Qué no aguanto. 
Qué son las 00:00 de la noche 
y el corazón se me sale del pecho como todos los años. 

Y no me pidas otra copa más. 
Qué las confesiones en lo alto de la noria 
no se merecen perderse estas vistas tan bonita de mi ciudad.

Qué yo no te canto más hasta que dejes de decir tonterías.
Déjate de rollos que me tienes harta. 
Qué yo quisiera aprovechar el momento 
para decirte que eres un sufrimiento, 
que solo das pena y sufrimiento. 

Cuando no quieras más ferias y circos me avisas.
Qué yo quiero una vida tranquila 
sin enfados y celos.



Y los oídos me matan. 
No quiero ver ni escuchar. 
A estas alturas quiero curarme a sorbos de Barceló
y olor a naranja.
Porque lo que dura un cigarro 
me da tiempo a imaginar como serán esas horas 
mientras se te escapa una mirada y una sonrisa. 

Ay madre.... con todo lo canalla que fui y lo gilipollas que me siento escribiendo estas palabras. 

Ay niña,
vete ya. 

Qué yo voy a dormirme hasta el 1 de Julio para no verte más. 
Y no me sigas. 
Porque no quiero más ataques gratuitos. 
Porque si pretendes robar mi musa, 
quiero decirte, 
que no serás ladrona suficiente para robar 
estos huesos cargados de amor y locuras.

Necesito aprender a vivir y a sonreír.
Ay niña de mis amores,
déjame apurar el resto de mis días
que quiero comerte tus labios y luna 
antes que venga Sole y me mate.








viernes, 15 de junio de 2018

TAPÓN



"Conoces a muchos genios. Deberías conocer gente tonta de vez en cuando. Podrías aprender algo".


Y es que hay comentarios que no suelen mentir. Una frase en el momento exacto puede contribuir positivamente a nuestra vida, originando un cambio significativo a nuestra conducta. 

Últimamente voy a todo tipo de espectáculos: Buenos, malos, regular y patéticos. Es increíble pero de todos he aprendido algo. Pienso que cada show tapa un agujero o carencia de tu persona, y eso hace sentirme que ha merecido la pena asistir y pagar la entrada. Aunque confieso que el otro día me salí de una función. Aquello era infumable. Un ritmo lento. Poco ensayado. Mucho material y muy poco sentimiento. Lo que va siendo la definición perfecta de Truquero. Y es que cuando uno sufre y no aprende... no tiene la necesidad de pasarlo mal. 

Mientras andaba de vuelta a casa, pensé en que la vida se trata de eso. De aprender de los errores. De observar. De leer. De sentir. De empaparte de otros. De mojarte de ideas e inspirarte de los demás...

El otro día vi con mucho interés la conversación entre Jerry Seinfeld y David Letterman en el programa del segundo para Netflix: No necesitan presentación. En concreto me encantó esta idea que desarrolla Seinfeld sobre la gestión del talento. 

El talento es un caballo. Es un caballo sobre el que de repente te encuentras montado sin saber muy bien cómo. Y depende de ti que aprendas a controlarlo, que él te domine a ti o que incluso te acabe tirando al suelo. Tu carrera dependerá de esto. Así veo las carreras artísticas. Muchos se vieron de repente a lomos de un purasangre y no fueron capaz de reconducir todo ese talento salvaje.


En una ocasión leí que la gente que más te ayuda es la que entra y sale de tu vida, como un fantasma. Como Lopetegui. Sí, estamos en un mes divertido. Zidane abandona el Real Madrid. Rajoy se marcha. El socialismo lidera. Rafa Nadal gana su Roland Garros 11. Máxim Huerta dimite y cierra Twitter. Iñaki Urdangarin finalmente irá a la cárcel. Florentino Pérez ficha el entrenador de la Selección Española.  Sofía gana Supervivientes. Hoy comienza el Mundial 2018.

Supongo que pasaría algo más, pero dudo mucho que fuera de mayor importancia que esto. Sí, estamos en 2018, sin duda un año de cambios en nuestra historia.

Eso si, recordar que de todo se aprende algo. Hasta del más tonto. Y mientras tanto, España aparentando ser el país perfecto. Maquillando las apariencias y fingiendo ser genios. 





–Cortaycompleta