miércoles, 5 de diciembre de 2018

Candados en el puente

El otro día cuando salí a correr observé que el Puente Real estaba lleno de candados. De historias empezadas e incluso acabadas. Quién sabe. El caso es que aquella imagen me hizo pensar en cuantas llaves enterradas habría debajo del río Guadiana. 

¿Aquellos amores perdurarían como los candados? 

Creo que todos estamos de acuerdo con que nada es para siempre. Pero también estamos seguros de lo que se cuida, dura un poco más. 


Y es que aquellos candados tenían la piel envejecida.
Con aliento frío y oxidado. 
Maniatados de brazos
y aferrados con tanta fuerza
que desprendían un sonido 
en mi.

Aquella situación me invitó a sentarme y comer palomitas mientras observaba como las llaves abrían puertas hacia nuevos viajes. Hacia nuevos mundos.

Y no me quiero casarme.
Y no quiero un juego de vajillas.
Pero si quiero ponerte un anillo de moras y comernos como tiburones.

Y no quiero que seas perfecta.
Y no quiero Lisboa.
Pero si los Ángeles y las Vegas.

Y no quiero pasado.
Y no quiero preguntas.
Porque el amor NUNCA pregunta.
El amor responde.

Por eso, quiero casarme a nuestra manera y pasar el resto de mi vida contigo. 

Sin candados ni llaves que abran o cierren puertas.


Te quiero.



PD:Te espero en la puerta,35.